Cuscús

La guerra es que sales a la calle y no sabes si vas a volver a casa. La guerra es que tus hijos acudan al ... colegio y te embargue la duda de si un proyectil desviado destruirá su aula por equivocación. La guerra es la inquietud de que tus padres, tus hermanos, tus amigos estén hoy, pero desconozcas si van a estar mañana. La guerra es sentarte a leer, a ver la tele, a cenar con la preocupación de que tal vez tengas que salir corriendo hacia el refugio. La guerra es quedarte sin agua, sin luz, sin gas, sin redes sociales, sin cafés, sin paseos, sin citas, sin reuniones de colegas, sin vacaciones, sin paz.

Estoy viendo «Teherán» en Apple TV. Es una serie israelí así que los judíos son los buenos y los persas, los malos. Trata de una agente del Mosad que se infiltra en Teherán bajo una identidad falsa. Pero lo importante es que intenta reflejar la realidad iraní, aunque sea desde el prisma de Tel Aviv, y quiebra los estereotipos. Efectivamente, es una teocracia represora detestable y los grupos de oposición son perseguidos, pero la vida cotidiana de la gente no difiere demasiado de la nuestra: las mujeres van al gimnasio, aunque sea en la hora femenina, y muchas visten 'a la europea'. Los ciudadanos pasean, juegan, se divierten, viven en urbanizaciones donde las casas están equipadas como las nuestras y se mueven por una ciudad moderna. No son ciudadanos libres, en absoluto, pero se las ingenian para sobrevivir.

Todo eso se acabó. La guerra, que no sabemos si acabará con la dictadura teocrática, sí ha acabado con la calidad de vida. Porque la guerra para la gente no son informaciones sobre misiles, drones y torpedos, sino ir a cocinar cuscús y no tener fuego ni agua.

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