La llama del exilio

No viene mal detenerse en la fecha del 8 de mayo, día que la ley de Memoria Democrática (2022) establece como «de recuerdo y homenaje ... a los hombres y mujeres que sufrieron el exilio como consecuencia de la guerra y la dictadura» (art. 8). Ni tampoco remarcar a continuación su trascendencia, y más en esta época un tanto desmemoriada.

Si el primer cuarto del siglo XX se prodigó en éxodos diversos, otro tanto se puede decir de los que, casi con una inopinada naturalidad, se dan en el mismo período del siglo XXI. Pocas veces los movimientos humanos que se hacen de unos países a otros, o de unas zonas a otras de un mismo país –recuerden la salida obligada de ciudadanos que se dio aquí, no hace mucho, ante el fundamentalismo etarra–, se producen de forma voluntaria. Y es que, si se habla de exilio o destierro, se apuntala aún más esa necesidad de huida del entorno en que uno vive ante el riesgo inminente, en el caso de permanecer en el mismo, de sufrir transgresión de derechos individuales y colectivos, encarcelamientos, secuestros o muertes. Así han llegado muchas de las personas que circulan por nuestras calles, y así llegaron, también, cuando salieron, entre 1936 y 1939, miles de exiliados........

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