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Más que nunca, nunca más

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05.04.2026

El pasado sábado 28 de marzo José Ovejero y yo tuvimos una entrevista radiofónica con Radio Con Vos, una radio independiente argentina, sobre nuestra novela ' ... Una belleza terrible'. En esta obra basada en hechos reales tratamos la figura de Elisabeth Käsemann, una joven alemana que a finales de los años 60 del siglo pasado decide dejar su vida cómoda como hija de un pastor protestante alemán y marcharse a América Latina a luchar por los desfavorecidos. A principios de los años 70 vive en Buenos Aires, trabaja en campañas de alfabetización, milita en el Partido Revolucionario de los Trabajadores y se forma en la guerra urbana de guerrillas. Con el golpe de Estado cívico-militar de 1976, Käsemann, como tantos otros, pasa a la clandestinidad. Y como tantas otras, es secuestrada en 1977 por un grupo de tareas, violada y torturada brutalmente durante tres meses en el centro clandestino de detención el Vesubio y asesinada en una ejecución escenificada como enfrentamiento. Acababa de cumplir 30 años.

En esta entrevista radiofónica hablamos de la necesidad de recordar a las víctimas de la dictadura no solo en su faceta de víctimas, aunque claramente lo fueron, incluso quienes cometieron actos de violencia que hoy se consideran condenables. De los treinta mil desaparecidos, muchos no tenían ninguna vinculación con la política, pero la dictadura los convirtió en subversivos como parte de una estrategia de terror. Como dijo el general Ibérico Manuel Saint-Jean y gobernador de la provincia de Buenos Aires: «Primero, mataremos a todos los subversivos, luego a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos». El mismo general Videla, miembro de la Junta Militar que tomó el poder en 1976, calificó las acciones del Estado como una «operación sistemática de limpieza». Las consecuencias de esta ideología y práctica del terror fueron miles de personas secuestradas, detenidas en centros clandestinos, torturadas hasta extremos inimaginables, asesinadas y, en la mayoría de los casos, sus cuerpos hechos desaparecer. Miles huyeron al exilio, algunas después de haber sido detenidas y torturadas, con lo que dejaron testimonio de esa experiencia atroz.

Así como algunas de estas víctimas no tenían una clara vinculación política y mucho menos una participación en la lucha armada, otras sí. Algunos fueron militantes de grupos como el Partido Revolucionario de los Trabajadores, el Ejército Revolucionario del Pueblo o Montoneros, que en ese momento histórico consideraban que la revolución armada era la única manera de transformar una sociedad atravesada por una desigualdad radical. Jóvenes -el 60% de los detenidos desaparecidos tenía entre 21 y 30 años- como Elisabeth Käsemann que lo dejaron todo -hogar, familia, seguridad, incluso futuro- para luchar no por un interés personal o una ideología abstracta, sino para construir una realidad mejor para todas y todos. Su fe en la humanidad, su determinación por transformar el mundo para que en él pudieran vivir dignamente los más desposeídos, llevó a muchos a tomar esa alternativa. Y fue tal el compromiso que, teniendo la posibilidad de huir, como Elisabeth, se quedaron luchando hasta el final.

El pasado 24 de marzo se cumplió el 50 aniversario del golpe de Estado y la instauración de esa dictadura terrorista. Hubo marchas por todo el país y todas multitudinarias. El cartel que encabeza la marcha de la manifestación en Córdoba reza: 'Más que nunca, nunca más'. En Córdoba el recuerdo del horror estaba particularmente vivo. El pasado 12 de marzo el Equipo Argentino de Antropología Forense anunciaba que, tras analizar los restos óseos encontrados en la Guarnición Militar La Calera de la provincia de Córdoba, donde funcionó el Centro Clandestino de Detención de La Perla, uno de los más grandes del país, se había identificado a 12 personas detenidas-desaparecidas. Entre ellas, Elsa Mónica O'Kelly Pardo. Tenía 19 años y era estudiante de primer año de Arquitectura.

El Gobierno de Milei niega los hechos probados judicialmente: miles de desaparecidos, torturas y ejecuciones

Al mismo tiempo, el Gobierno de Javier Millei reivindica el terrorismo de Estado a través de su política de negación de hechos probados judicialmente, relativiza la dimensión del plan sistemático de «limpieza» de la dictadura y ha tomado decisiones políticas y económicas para acabar con todas las políticas de memoria, justicia y reparación. El año pasado Milei degradó la Secretaría de Derechos Humanos a subsecretaría, lo que trajo como consecuencia el despido masivo de su personal técnico y, con ello, la desarticulación de su estructura y la paralización de su trabajo. Ha desmantelado o retirado fondos a diferentes organismos gubernamentales e independientes, con lo que se han detenido, entre otras, estas acciones: labores de investigación histórica y judicial sobre los crímenes de la dictadura, el pago de pensiones de reparación a víctimas supervivientes y familiares de desaparecidos; ha retirado los fondos a Abuelas de Plaza de Mayo, con lo que dificulta el apoyo a la búsqueda de los bebés apropiados por la dictadura, unos trescientos niños y niñas que, asesinadas sus madres, eran entregados a familias adeptas al régimen. La famosa motosierra aplicada al trabajo de memoria, justicia y reparación que había sido, con todas sus limitaciones, un ejemplo internacional, también para España y nuestras cuentas pendientes con la dictadura franquista.

Pero por ese mismo ataque frontal al consenso democrático sobre el pasado, parte de la sociedad argentina ha renovado con entusiasmo su compromiso, como se ha demostrado en las manifestaciones multitudinarias. Algo que me llamó la atención de todas las marchas, desde El Chacho a Neuquén, fue la cantidad de familias y la muchísima gente joven que demostraba que había hecho suya la reivindicación de las víctimas de hace 50 años. En la marcha de Córdoba el comunicado fue leído por la asociación de nietos de detenidos-desaparecidos.

La noche después de la entrevista recibí un mensaje de Marcelo, un señor argentino a quien no conozco personalmente pero con quien me carteo de vez en cuando. Había escuchado la entrevista. Me escribió, entre otras, estas palabras: «Estos días me acordé de ti porque el martes fue 24 de marzo, fue otro aniversario del horror. En la plaza una multitud que no se rinde sumó a la conmemoración de la fecha un grito de repudio al Gobierno. Mi primo desaparecido, que se niega a irse según su hermana, estuvo presente en la plaza en un bordado, como otros cientos de desaparecidos.»

Más que nunca, nunca más.

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