Tarjeta roja por racismo

Los sonrojantes cánticos racistas que se repitieron de forma multitudinaria en el campo del Espanyol durante el amistoso que disputaron el martes las selecciones de ... España y Egipto, saldado con empate a cero, arrojan una imagen deleznable sobre un mundo del fútbol manchado en demasiadas ocasiones por gestos antideportivos y juego sucio en las gradas. Consignas xenófobas como las coreadas en Cornellà-El Prat –«mulsumán en el que no bote»–, gritos ofensivos contra Pedro Sánchez en el mismo partido y violencia que sacude a diferentes hinchadas cada dos por tres son un cóctel explosivo al que no cabe acostumbrarse por mucho que se reitere esta lacra dentro y fuera de los estadios. Confundir rivalidad con agresividad es el peor ejemplo que se puede dar a aficionados y deportistas jóvenes. La manifiesta incapacidad de clubes y la Federación española en atajar el problema no hace más que enquistarlo. Cornellà, una de las posibles sedes del Mundial que España coorganizará en 2030 con Marruecos y Portugal, y a falta de decidir si la final se jugará en Madrid o Casablanca, merece tarjeta roja por reincidente, tras las sanción recibida por insultos a Iñaki Williams en 2020.

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