Todos podemos hacer el mal

Una imagen de 'Cuando acecha la maldad'.

Existe una idea especialmente peligrosa sobre la naturaleza humana, esto es, pensar que el mal pertenece exclusivamente a determinadas personas. Tendemos a imaginar que quienes cometen actos crueles son individuos radicalmente diferentes de nosotros, personas incapaces de sentir empatía o completamente alejadas de nuestros propios valores. Esta forma de pensar resulta tranquilizadora porque nos permite situar el mal siempre fuera de nosotros, sin embargo, la historia demuestra que la capacidad de hacer daño no es patrimonio de unos pocos. Todos podemos hacer el mal.

Esto no significa que todas las personas sean igualmente propensas a la violencia, la crueldad o la injusticia; tampoco significa que debamos considerar equivalentes todas las conductas. Existen diferencias individuales, circunstancias y responsabilidades que deben ser reconocidas, no obstante, existe algo profundamente humano en nuestra capacidad para justificar aquello que hacemos cuando creemos tener una razón suficiente. El problema comienza cuando dejamos de preguntarnos hasta dónde podríamos llegar bajo determinadas circunstancias.

Una de las mayores dificultades para comprender el mal es precisamente nuestra tendencia a imaginarlo como algo extraordinario, pensamos en grandes atrocidades, en personajes históricos........

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