La detención de Serigne Mbayé y la llegada del ICE a Europa

Serigne Mbaye denunciará la "violencia policial" que asegura que sufrió en su detención del pasado jueves

El perfilamiento policial racista solo sorprende, a estas alturas, a aquellas personas que viven ajenas a la realidad. La detención de Serigne Mbayé la semana pasada exhibió las vergüenzas de una violencia estructural que, lejos de tratarse de un caso aislado, se reproduce cíclicamente a las sombras de la visibilidad mediática. Por ese motivo, la condena de lo sucedido debe hacerse, como expresó el propio Mbayé, bajo el reconocimiento de que «esta persecución les pasa a todas las personas racializadas del estado español».

Es muy fácil señalar el racismo y la violencia cuando pilla lejos, en un país como Estados Unidos, mientras aquí abanderamos unos ambiguos ‘valores europeos’ que se construyen importando el modelo del ICE. La paradoja es tremenda: el mismo día que unos policías de paisano detuvieron a Serigne Mbayé en la puerta de su casa, el Parlamento Europeo aprobó el reglamento para recrudecer las políticas de deportación, permitiendo encerrar incluso a menores de edad en centros de detención. Todo esto sucede en un marco de endurecimiento fronterizo y una ley de asilo que prioriza el control de la fortaleza europea frente a la garantía de los derechos humanos.

Mbayé es exdiputado y una de las figuras más visibles del antirracismo español. Ya relató, para quienes todavía tengan dudas, que este tipo de actuaciones son habituales cuando se trata de personas racializadas, con hincapié en los hombres negros. El poeta y activista Yeison García López lo relató en su poemario Derecho de Admisión con un texto que se remonta a su infancia, la primera vez que lo paró la Policía: « –¿Por qué corréis? / – Echábamos una carrera. / – ¿Tenéis droga? / – No. / Se marchan, / nunca lo hablamos entre nosotros / pero esa fue una de las primeras veces / que la policía nos marcó / nos señaló, / nos dijo: / negros».

Sería un error garrafal decir que esta violencia lleva la etiqueta de la derecha o la extrema derecha porque, en realidad, está enraizada en un racismo viejo y colonial que no entiende de colores políticos. La Unión Europea y sus estados miembros (incluida España) fueron incapaces de postularse abiertamente en la ONU para reconocer la esclavitud como uno de los mayores crímenes que se han cometido contra la humanidad, sometiendo a más de 40.000 millones de personas. El legado de este país incluye la existencia de zoos humanos hasta finales del siglo XIX y una abolición tardía de la esclavitud que no llegó hasta 1886 en la Cuba española. ¿Cómo va a admitirse el racismo del presente, si todavía no se reconocen los crímenes de la historia reciente?

Las nuevas medidas llegan como una crónica anunciada por el ICE estadounidense. Podrían derivar en registros policiales dentro de los domicilios, operaciones en espacios públicos y un uso extendido de tecnologías de vigilancia para acelerar las deportaciones a gran escala. Serigne Mbayé tiene un altavoz, una plataforma y un estatus de ciudadano que le han dado respaldo, aunque nada de eso lo haya eximido de vivir esta violencia en repetidas ocasiones. El mismo contexto se reproduce entre personas anónimas, algunas de las cuales se encuentran en situación administrativa irregular, por lo que la violencia se vuelve más cruda e invisible.

Al paraguas de los próximos pasos de la ILP de Regularización Ya, quiero recordar a aquella mujer anónima –y cuántas más habrá como ella– que trabajaba como interna en casa de un hombre que la acosaba y violentaba sexualmente. Ella no podía denunciar porque no tenía papeles. Acordémonos también de Mahmoud Bakhoun, un hombre que se ganaba la vida como mantero porque tampoco tenía papeles y, huyendo de la Policía, se tiró a un río donde murió porque no sabía nadar. Estamos hablando de personas que ya viven aquí, ya trabajan aquí y forman parte de nuestra sociedad. Yo, desde luego, no quiero que la Policía haga redadas para detener a mis vecinas y vecinos.


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