Una noche con Farah Diba |
Farah Diba. / Matías Vallés
Corría febrero en 1997, lo recuerdo porque no todos los meses se recibe una oferta imperial. La invitación estaba clara:
-¿Vienes a ver a Farah Diba?
La insistencia visual no implicaba una licencia, imponía un límite. El mito no se toca, no se le incomoda con preguntas improcedentes. Un saludo fugaz, una cortesía verbal, y te distraes con los integrantes de la diáspora iraní que asistían a la fiesta en la residencia mallorquina del sobrino del último sha.
Obedeces escrupulosamente. Estrechas la mano de la emperatriz o ‘Shabanu’, como la acataban sus compatriotas, y ya has cumplido con el protocolo. Así que te hundes en un cómodo sofá persa y te limitas a observar a los asistentes al sarao nocturno. Hasta que una dama atrevida se sienta a tu lado. Y resulta que se llama Farah Diba, y que se encuentra tan fuera de lugar como tú mismo, y que te asalta con la curiosidad felina de quien te está tanteando:
-¿Qué tal el nuevo presidente del Gobierno?
Has perdido el autocontrol, solo ves a la mujer que había sido coronada emperatriz de........