Música en campaña permanente

Música en campaña permanente

Me gustaba en mis inicios acompañar mis artículos de canciones que me inspiraban. Ahora lo pienso y era una forma de conectar con mi mundo, y con el vuestro; esa inspiración de la sensibilidad que te genera una canción. La música cura, inspira y hace que conectemos con alma, no exclusivamente con hechos.

Escribiendo a mucha altura y a mucha velocidad, en un vuelo de Tenerife a Asturias, reflexiono sobre el factor tan importante que es la música en una campaña y en la vida de un candidato permanente o gestor público. A veces, en mis asesoramientos, me cuesta que la introduzcan, y cuando lo deciden creo que ya no pueden vivir sin ella. La música nos fortalece y refuerza nuestras comparecencias públicas, nos relaja y a la vez nos activa.

Me gusta esa sensación de plenitud y energía que la música nos aporta en una presentación o en nuestra entrada a un acto público… Además, las canciones se convierten en nuestros amuletos y nos auto reforzamos con ellas. Para mí, siempre ha sido una fuente de inspiración y un apoyo cuando en el vuelo se inician las turbulencias; es una forma de aferrarte a la vida…

Duende del sur, de Chambao, es la que me hace conectar con mi niño eterno, Álvaro.

Que tú eres un ser mágico, con tu mirada todo es mejor

Andando despacito, mi cabeza vuela con vos…

Sintiéndote al pasar, dejándome llevar

Crece en mi interior hacía un lugar mejor»

Dejemos huellas bonitas, de Antoñito Molina, me conecta con mi libro, Psicológa en campaña, porque al final se trata de eso, de dejar huellas bonitas en la vida de otras personas. «Siempre atreverse, que es mejor perder y arriesgarse, que quedarse siempre en el mismo lugar… Hay cosas que duran un día, pero en cien años no se olvidan…»

Y Mi varadero, de Salistre, me conecta a Cádiz, «un arcoíris en un día gris…»

La música es un lugar seguro, un lugar que nos une. Los gestores públicos que la usan y la incorporan a su agenda de comunicación triunfan; se convierte en un distintivo de Marca Personal.

Me encantaría que en la toma de tus decisiones te preguntaras mucho el para qué y muy poco el por qué; el para qué es futuro y el por qué es pasado, y con ciertas dosis de tristeza, justificación o cuestionamiento sobre nosotros mismos… El para qué es desafío, objetivo y logro… O, por lo menos, estrategia para lograr todo lo que nos proponemos, ilusión y análisis con proyección de conseguir lo que queremos.

Evitemos preguntarnos ¿por qué no ganamos las elecciones? y pregúntate ¿para qué quiero ganar ahora?, ¿para qué quiero ser el próximo alcalde de mi ciudad?, ¿para qué estoy en la política?, ¿para qué quiero acompañarte como gestor público?, ¿para qué me presento?…

La proyección es necesaria en cualquier campaña y, lógicamente, en cualquier candidato. Nuestros pensamientos positivos también se alimentan de futuro, de deseos e ilusiones y mínimamente de cuestionamientos del pasado; esa acción es rumiar pensamientos, y eso psicológicamente nos va reduciendo las ganas. Me lleva a esa cita tan especial de Miguel de Unamuno que dice: «Hay que sentir el pensamiento y pensar el sentimiento».

Las ganas son el motor que nos conduce a un buen resultado. A veces, hay candidaturas o corrientes políticas que parecieran estar aburridas de la vida, porque su energía se desvanece; eso genera muchisímo distanciamiento de la realidad y de las necesidades de la gente. Las personas necesitamos la ilusión de las ganas, y no queremos permanecer en emociones no productivas, pese a que nos quieran convencer de ello. La ciudadanía no quiere sentirse sola, quiere soporte y apoyo.

Pensemos que votar es un acto mucho más insconciente de lo que nos creemos, porque lo define su carga emocional. Nos engañamos dando por cierto que pesan nuestras ideologías o programas… Realmente, ¿nos hemos parado a pensar que nuestra ideología, o más bien a eso que le llamamos ideología, está llena de singularidad emocional?; herencia familiar emocional, experiencias de vida, el encuentro con nuestras raíces… Nuestras frustraciones, nuestros temores, nuestros compromisos morales… Por ello, casi no tiene sentido mantener la polarización en nuestro entorno, porque está vinculada a historias de vida, no a historias de guerra.

El ser humano debe de regalarse cero conflictos interiores o, por lo menos, minimizar la estancia viva de esos conflictos; porque cuando una persona está en guerra consigo misma, también lo está con el mundo.

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