El alcalde canario que menos cobra del ayuntamiento |
Juan Miguel Padrón Brito / ED
Exactamente cobra al año del Ayuntamiento de El Pinar, isla de El Hierro, 762 euros, 70 por cada sesión plenaria como alcalde-presidente y 30 por la asistencia a una comisión informativa. Al tener dedicación exclusiva al ayuntamiento, Juan Miguel Padrón Brito no tiene otro trabajo, por lo que vive de la pensión que le corresponde por sus años de vida laboral, y, como él mismo afirma, «si me presentara para cobrar un sueldo, no estaría, a mí lo que me motiva es servir a mi pueblo y a mis vecinos».
Militante del PSOE, Juan Miguel fue elegido por primera vez alcalde el 22 de mayo de 2011 con mayoría absoluta, tras la creación, en 2007, del Ayuntamiento de El Pinar y celebrar sus primeras elecciones, con lo que estamos hablando de su primer alcalde, habiendo revalidado la alcaldía en las tres últimas elecciones, como dicen en El Pinar, «arrasando».
Cuando alguien le tira de la lengua insinuándole que cobra poco porque el municipio es pequeño se revira y afirma rotundamente: «pequeño, sí, pero con muchas necesidades», y es por eso que su gestión se ha centrado en los servicios sociales y en el apoyo al sector primario, turismo rural y actividades culturales, deportivas y festivas de carácter local que atraen visitantes a su pueblo.
La primera vez que fui a visitarlo pedí cita, como es preceptivo, y me contestaron que no hacía falta, que fuera cuando quisiera, que sería muy bien recibido. Así hice, y, con la puerta abierta hacia su acogedor despacho, lo encontré sentado ante una amplia mesa siempre presto a recibir a sus vecinos y resolver situaciones complejas como fue el volcán de La Restinga.
–¿Y cómo lleva los cayucos? –le pregunto–.
–«Muy mal, muy doloroso» –responde–. «Fíjate que con nuestros escasos recursos hasta hemos tenido que construir nichos en el cementerio para una digna sepultura de inmigrantes fallecidos».
Un gesto que honra a Juan Miguel Padrón fue colocar en el mismo monolito del cementerio de El Pinar los nombres de los fallecidos en uno y otro bando de la Guerra Civil en su ánimo de concordia y cicatrización de las heridas producidas.
Volviendo a tan simbólico sueldo, llama la atención la diferencia en la remuneración de las alcaldías de Canarias, una cuestión que sale a la luz cada cuatro años cuando, tras las elecciones municipales, el Pleno aprueba las asignaciones de alcaldes y concejales de acuerdo con límites legales. Cuento una anécdota. 1995, elecciones al Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, a las que me presenté a la Alcaldía por el PSOE, siendo elegido alcalde Miguel Zerolo (ATI), que me cita en su despacho como portavoz socialista para informarme la propuesta de sueldos que llevaría al Pleno.
–¿Pero eso no está establecido por ley? –le pregunto.
–No, es variable y lo decide el Pleno-. Y así fue.
En Canarias el sueldo de los alcaldes depende del tamaño del municipio, la opción de dedicación exclusiva o parcial, y el acuerdo plenario, y, según datos oficiales de 2024, el de San Cristóbal de La Laguna (Tenerife) es de 91.172,48 euros anuales; San Bartolomé de Tirajana (Gran Canaria), 75.565 euros; Las Palmas de Gran Canaria, 72.828 euros; Santa Cruz de Tenerife, 71.201 euros; Arona (Tenerife), 70.000 euros; Tías (Lanzarote), 66.081 euros; siendo, en general, el salario medio con dedicación exclusiva de unos 47.800 euros anuales, promedio resultante de la media entre grandes ciudades y municipios pequeños, pero, en cualquier caso, es una decisión soberana del Pleno.
Por supuesto que los políticos deben estar suficientemente remunerados para servir a los ciudadanos y no para servirse a ellos mismos, una sensación que cada vez cala más en la opinión pública, que da por bien empleados sus impuestos si el político en cuestión atiende sus necesidades, pero no si ve que su pueblo no prospera y/o surgen casos de corrupción. Lo cierto es que vivimos tiempos complicados e inciertos cargados de odios y calumnias, a lo que no es ajeno cierto mal llamado periodismo que cobra por difundir bulos sobre todo en las redes sociales.
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