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Canarias en el tormo

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11.03.2026

El presidente de Canarias, Fernando Clavijo, en el 'Debate sobre el Estado de la Nacionalidad Canaria' / EP

El presidente Clavijo habló hora y media. No leyó un discurso. Habló a pelo de Canarias intentando demostrar que la tiene en la cabeza, entre cana y cana. Como hay viento de popa, las cifras le ayudan. Más empleo que nunca, menos pobreza, más renta familiar disponible, más empresas... Lo que pasa es que hay cosas que no terminan de funcionar porque las llevamos arrastrando desde tiempos inmemoriales.

No hay remedio para esos veinte mil nuevos ciudadanos que llegan de fuera cada año al calor del trabajo en el turismo, que demandan más servicios públicos y vivienda. Ni tiene buena pinta que en el tema de la financiación de los servicios del Estado vayamos de Guatemala a Guatepeor. Que sigamos infrafinanciados aquí abajo donde el diablo perdió el rabo. Y que la mutualización de la deuda autonómica haya sido hecha a la carta para Cataluña.

Hay muchos temas que no mejoran. Y son, causalmente -también casualmente-, los que dependen de un Estado que es un gran ombligo donde solo caben Madrid, Bilbao y Barcelona. Y que exagerando, a veces, llega a ver hasta costas de Cádiz. Ya decían los godos que Finisterre era el último punto de España en dirección a América. Como si Orchilla y El Hierro fueran territorio africano. Que no te digo yo que no.

El presidente pidió ayer a los parlamentarios de las islas que se unieran, todos a una, como Fuenteovejuna, para defender el Decreto Canarias. Ese que algunos en la oposición llaman, despectivamente, una «carta a los Reyes Magos», por la cantidad de cosas que pide y la pasta que supone. Clavijo citó a un conocido suyo para decir que, en todo caso, «ya es hora de que los Reyes Magos vengan a Canarias, además de a Cataluña y el País Vasco». ¿Por qué no, si hasta va a venir el Papa en junio?

Clavijo, citando sin citar a Ortega, aseguró que Canarias es lo que es y sus circunstancias. Y es más sus circunstancias que lo que es. Un país -al de Vox le da una apoplejía cada vez que lo escucha- que importa veinticuatro mil millones de euros en bienes cada año y apenas exporta tres mil. Benditos sean los ingresos del turismo. Un país -otro ataquito- donde se multiplica el castigo de la inflación, que se disparó cuando en Europa le dieron a la maquinita de imprimir billetes cuando la pandemia. Y que se volverá a disparar con el crecimiento del precio del barril de petróleo. Todo para que una sempiterna manada de incompetentes siga diciendo que las familias canarias no llegan a fin de mes y echándole la culpa a los salarios sin pararse a mirar los precios y el disparatado coste de la vida.

«Que la fuerza nos acompañe», dijo Obi-Wan Clavijo. Pero la fuerza nace de la unidad. Y los políticos canarios parecen los dientes de un nonagenario. Las muchas fuerzas nacionalistas no son capaces de unirse. Los grandes partidos tienen jefes godos. Y los de Vox, prietas las filas, creen que Madrid tiene que volver a gobernar el mundo. El superhéroe Sánchez resucitó a Franco y ellos van a por la momia de Felipe II.

No hay color. Sánchez va en Falcon y Clavijo en Binter. Eso le pasa por convocar cada año un debate sobre su gestión y no aprender de Moncloa, que lleva tres años sin pasar por el Congreso. Es lo malo de ser un jodido demócrata.


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