La política a tiros |
Trump, tras el intento de atentado.
El tercer intento de asesinato contra Donald Trump ya no provoca el mismo estupor de los dos primeros. Lo que provoca es una abochornante sensación de normalidad: un hombre armado irrumpe en el control de un acto público, se produce un tiroteo, y en cuestión de minutos el asunto se convierte en otra noticia más a olvidar pasado mañana.
Estados Unidos ha cruzado una línea peligrosa: la violencia política ya no es una anomalía, forma parte del contexto. No se trata de un hecho aislado, ni de la acción de perturbados. Se trata de algo que se repite, que se acumula, que va construyendo una secuencia perversa en la que la política se ejerce bajo la sombra constante de la amenaza. El salto cualitativo se produjo hace poco: el año pasado marcó sin duda un punto de inflexión. Lo de Charlie Kirk en septiembre no fue una amenaza, ni un intento frustrado, fue un asesinato consumado en un campus universitario y a plena luz del día. Un activista político, evangelista, ultraconservador y defensor declarado del trumpismo, fue abatido a tiros mientras participaba en un acto público. No fue el único: ese mismo año, una congresista demócrata cayó también víctima de la violencia en un acto político, confirmando que la violencia no distingue a sus víctimas entre derechas o........