La mala hora |
Terremoto en Venezuela. / Ronald Peña R / EFE
Las horas que siguen a una catástrofe suelen transcurrir entre la rabia, la confusión y la incredulidad. Los datos llegan fragmentados, las comunicaciones fallan y las cifras cambian casi minuto a minuto. Eso nos ocurre hoy con el sismo gemelo de Venezuela, donde dos terremotos consecutivos sacudieron la noche del miércoles al jueves el centro y el norte del país, provocando una devastación cuyo alcance real nadie es capaz de determinar todavía.
Las autoridades ofrecen un balance provisional –el de los cuerpos rescatados sin vida bajo los escombros– que ya resulta espeluznante y dramático. Modelos elaborados por organismos especializados manejan escenarios aún mucho más siniestros. No es en absoluto descartable que el número de víctimas pueda multiplicarse según avancen las labores de rescate. Entre ambas cifras se abre un espacio de incertidumbre que resulta angustioso. Detrás de los datos pendientes de confirmar hay miles de familias esperando noticias.
En Canarias esa espera se vive de una manera muy especial. No hace falta explicar por qué. Venezuela no es solo un país amigo, es una prolongación sentimental del Archipiélago.........