La cobardía de Occidente |
Archivo - Logo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). / Britta Pedersen/dpa-Zentralbild/ - Archivo
A veces no hace falta ni mandar las tropas: el lunes pasado, mientras todos andábamos entretenidos con la captura y secuestro del tirano, la OCDE aprobaba un impuesto mínimo para multinacionales de todo el mundo (un 15 por ciento de sus beneficios), suscrito por un centenar y medio de países, pero con una excepción para todas las empresas estadounidenses. Trump logró excluir de un pacto planetario a las empresas de su país, después de amenazar con retirar a EEUU del acuerdo e imponer lo que él mismo denominó como un «impuesto de venganza».
Hay algo todavía más indignante que las victorias recurrentes de Trump, y es la docilidad con la que se le concede salirse con la suya. Trump no gobierna la OCDE, no preside la Unión Europea, ni controla sus parlamentos y gobiernos. Lo que ha ocurrido con el impuesto mínimo global es –más que una demostración de la capacidad de presión estadounidense– es la confirmación de cómo el resto de países están dispuestos a someterse y claudicar voluntaria y dócilmente.
Nuestros líderes no negocian desde valores o principios, sino desde........