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Repensarnos para no sucumbir

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06.05.2020

Se veía venir. Pero se ha tardado en reconocer lo que era evidente: el turismo no se recuperará en Canarias de la noche a la mañana y con facilidad. Se nos ha estado vendiendo la entelequia de contingentes de europeos, asiáticos, americanos y demás, esperando ansiosos a que se abrieran de nuevo las compuertas para tostarse al sol y llenar hoteles. Pero la esperanza de pronto retorno a la normalidad, confiando en la bondad del mismo modelo turístico y en las inyecciones económicas que vendrían de fuera, no se tiene en pie. Alemania acaba de echarnos un jarro de agua fría. Otro lo prepara Inglaterra.

La salud del turismo canario, cantaban las cigarras, era excelente, porvenir seguro. Sin embargo, se lo ha tragado todo un tsunami imprevisto. Números cantan: paro laboral descontrolado, empresas fulminadas en veinticuatro horas, miles de ERTE inciertos, destrucción masiva de empleo, pobreza galopante; cifras abrumadoras.

La pandemia azota todos los países. Esperar que, superada la crisis, fluirán, con la misma prodigalidad que hasta hace apenas, las ayudas de una Europa castigada por un fenómeno devastador para el que no estaba preparada, se diluye como azucarillos. Habrá solidaridad, nadie lo duda, pero esta exigirá contención, racionalidad, equidad, sacrificios.

Por fragmentación, lejanía y por el patrón de desarrollo económico elegido, Canarias sufrirá con especial dureza las consecuencias de la guerra que está librando a escobazos o a tontas y a locas contra la o el Covid-19 el mundo entero. La pandemia ha........

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