Míralo bien

El lema de la visita del papa León XIV a España será 'Alzad la mirada'

Borges escribió una vez que su padre le había hecho una advertencia, tal vez caminando juntos por la calle: «Mirá bien estas iglesias, estas carnicerías, estos uniformes, estos cuarteles y estas banderas, y procura recordarlo, porque un día podrás contarles a tus hijos que viste estas cosas con tus propios ojos». Muchos años después el hijo reconoció que los ejércitos y las iglesias continuaban ahí, pero repitió, sonriente y ciego, que ojalá las palabras de su padre fueran proféticas.

El Cabildo de Tenerife ha informado que subvencionará con medio millón de euros la visita del papa León XIV a la isla en el próximo mes de junio. Por supuesto, es una decisión incoherente e impropia en un Estado aconfesional, que tiene como principios la separación entre el Estado y las iglesias y la neutralidad de los poderes públicos entre las confesiones y cultos religiosos. Pero no pasa nada. De inmediato comienza la regurgitación en medios de comunicación y redes sociales de un conjunto de confusiones, equívocos, falacias, ocurrencias y fantasías para justificar una subvención directa a la iglesia católica y su máximo dirigente, un señor que viste de blanco impoluto y es infalible cuando se pronuncia sobre lo que considera verdades relevadas. Una de las salidas más repetidas es que la visita de León XIV generará un gran dinamismo económico y eso justifica suficientemente la ayuda. Es un argumento curioso. ¿Cómo ha medido esta gente el impacto económico de una visita de 24 horas de un pontífice? ¿De dónde sale la cifra de 100 millones de euros «de retorno» en el total de su viaje a España? Toda esta contabilidad ortopédica está nimbada por un halo milagrero. Cuando se menciona el elevado coste de los equipos y sistemas de seguridad y logística que se ponen a disposición del papa se recuerda de inmediato que es «un jefe de Estado». Y es cierto: es jefe de un diminuto Estado teocrático en el que costó siglos encerrarlo. Lo que ocurre es que a un jefe de Estado en visita oficial no se le sufraga su viaje por las administraciones del país que visita. Si viene a España Enmanuel Macron no se le paga parte del garbeo. El papa juega siempre con dos cartas: es un modesto líder religioso ajeno a las pompas de este mundo y acepta todo tipo de viáticos para que el Vaticano ahorre en sus desplazamientos y, simultáneamente, es un jefe de Estado y deben ponerle, como tal, vigilancia y seguridad. Los viajes del papa son un negocio, principalmente, para el propio papa. Y después para los gobiernos, que no sueltan perras por un muy hipotético beneficio económico para la mayoría, sino por un beneficio simbólico para ellos mismos, en especial, como es obvio, en los países católicos, donde un papa todavía puede competir como figura del show business con Taylor Swift.

Finalmente (por así decirlo) debe uno escuchar que no es lo mismo un Estado aconfesional que un Estado laico. Los que argumentan así, por supuesto, no están a favor de lo laico, sino de reducir la aconfesionalidad a la supresión de una religión oficial. Son los que entienden la aconfesionalidad como la aceptación resignada o jubilosa del catolicismo como religión extraoficial del Estado. Si los Gobiernos meten dinero para subvencionar películas, ¿por qué no va a utilizarlo en cosas mayoritarias, como la religión católica? El peso secular de la Iglesia Católica en la cultura del país, su activa dedicación para naturalizar la continuidad entre poder político y poder religioso, para que no se entienda que las creencias religiosas son un asunto íntimo de cada ciudadano ante las cuales el Estado no tiene nada que decir o hacer, explica que aconfesionalidad o laicismo sigan sonando a cosas rarunas y fuera de lugar. Este será el primer papa que visita Canarias. Si hace una buena recaudación y el espectáculo cosecha éxito, los productores del Vaticano nos incluirán en futuras giras. Yo recomendaré a mis hijos ir a ver al pontífice para que un día muy lejano puedan contar a los suyos que vieron con sus propios ojos a un hombre vestido de blanco que era infalible y representaba a Dios en la Tierra.

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