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Los errores del PP

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El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo. / César Vallejo Rodríguez - Europa Press

El PP no enardece a los electores. Los ciudadanos que votarían hoy mismo por el PP lo harían entusiasmados para desplazar del poder al PSOE. En su mayoría no desean tanto que gobierne Alberto Núñez Feijóo como que deje de gobernar Pedro Sánchez. Las razones son casi lamentablemente obvias. El señor Núñez Feijóo padece de menos carisma político que un cardo borriquero. En los últimos meses ha mejorado su potencia oratoria, pero todavía es muy capaz de dormir con sus oraciones a media docena de ovejas si han pasado mala noche. Después, claro, está el problemilla del proyecto político y el programa de gobierno. La dirección del PP ha fracasado una y otra vez al intentar colocar propuestas concretas en la agenda política española. Ante el talante confrontador, agresivo y divisorio del Gobierno sanchista ha utilizado la cabeza –como en el poema de Machado– para embestir y no para difundir eficazmente alternativas estratégicas y programáticas. Por supuesto, se puede sostener que el balance general de la ejecutoria de Núñez Feijóo como líder del PP es positivo. Los populares gobiernan en once de las 17 comunidades autónomas y en 30 capitales de provincia, a las que se suman Ceuta y Melilla. El PP ganó las últimas elecciones generales, las del 2023, y a una distancia respetable del PSOE. Pero a mi juicio eso demuestra una magnífica implantación territorial de los conservadores y un buen cuadro de candidatos locales y regionales que no ameritan estrictamente un gran liderazgo nacional. Finalmente Núñez Feijóo no ha sabido gestionar debidamente su relación operativa e ideológica con Vox. A ratos los ha querido tratar como una minoría, en otras ocasiones ha repetido que Vox y el PP se parecen muy poco, finalmente ha sucumbido –al menos en parte– a mimetizar las propuestas de la ultraderecha con mayor arrastre electoral. El resultado final sanciona que el PP se ha visto desdibujado como instrumento político mientras que Vox –con todo su oportunismo mendaz, su miseria política, su arrogante torpeza y su estupidez táctica– parece una lección de determinación y coherencia. Sin embargo, al PP de Núñez Feijóo no le bastan estos tres errores y ha añadido más leña al fuego que no le permite crecer –en el mejor de los casos– más de 140 escaños.

Si algún lector sigue habitualmente estas columnas sabrá sobradamente que a mi juicio Sánchez debería convocar elecciones generales, que debió hacerlo hace tiempo, y que junto a algunos aciertos económicos y legislativos, el fruto de su gestión, particularmente desde julio de 2023, es más preocupante que satisfactorio, por no hablar de la erosión y cooptación de las instituciones y el desprecio a los valores constitucionales, de la mentira como forma de entender la democracia y de los graves casos de corrupción política. De veras: Pedro Sánchez y su labor gubernamental tienen suficientes errores, desvergüenzas, falsedades y escándalos para una crítica muy dura desde la oposición. Como su habitual falta de finezza y astucia la derecha responde con un cañón enloquecido para exterminar –supuestamente– cualquier posibilidad de resistencia psocialista. Así han convertido el Senado en una máquina expendedora de comisiones de investigación a las que citar a cualquiera. Así organizaron un carrusel de elecciones anticipadas que han fastidiado al PSOE pero que les obligan a una nueva ordalía de pactos con Vox. Así, por último, se lanzan estúpidamente sobre Carlos Cuerpo, nuevo vicepresidente y consolidado ministro de Economía, un técnico extraordinariamente solvente y un político dialogante y moderado, inventándose incluso memeces sobre su tesis doctoral. Núñez Feijóo debería, por el contrario, mostrarse satisfecho por que Cuerpo y España –otro servidor público y hombre de diálogo– se ocupen respectivamente de Economía y Hacienda. Deberá lidiar con ambos (él y sus presidentes autonómicos) al menos durante un año. Es una buena noticia en un Gobierno asirocado, ahogado en la autopropaganda y que vilifica, desprecia o ridiculiza al oponente.

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