Bueno, bien, justito
El presidente Fernando Clavijo preside la reunión del Consejo de Gobierno. / Quique Curbelo
Finalmente el acuerdo entre el Gobierno autonómico y el Gobierno central sobre las medidas específicas para paliar los efectos del incremento del precio de los combustibles derivado de la guerra en Oriente Medio está, bueno, bien, justito. Las dos partes lo presentan como una victoria de todos, y no dudo que sea así, pero les puedo decir, incluso, que conozco a un sujeto que en una ocasión se sacó más de 15 millones de euros en la lotería primitiva. En el caso que se tengan que prorrogar Madrid soltará otros 60 millones hasta finales de año. Por supuesto el paquete de medidas aprobado por el Ejecutivo canario es más amplio que la anulación del IGIC al impuesto sobre el combustible e incluye otras medidas fiscales, como bajar a cero el IGIC a 45 productos de la cesta de la compra y aumentar las devoluciones del impuesto a los transportistas del 67% al 99, 9%. CC se lo ha currado y el PSOE ha mostrado sensibilidad y presteza.
Ya se sabe que la tendencia ocupacional de un servidor es aguar fiestas, pero si la guerra se prolonga algo más que algunas semanas todos los esfuerzos gubernamentales –principalmente las rebajas de precio y los descuentos fiscales– no servirán casi para nada. Se los comerá un proceso inflacionario difícilmente controlable. En febrero la inflación interanual se contuvo al 2,5%, apenas una décima más que en febrero, pero no hay un solo analista que la sitúe por debajo del 3% en el marzo que ahora acaba (un 3,1% es la media de los pronósticos). Si la guerra continúa otros tres meses puede escalar hasta el 7% o el 8% interanual: depende de lo que alcance el destrozo bélico y si el estrecho de Ormuz sigue cerrado. Como hay mucha gente despistada, habrá que repetir que la mayoría del petróleo y el gas que se consume en España no tiene su origen en los países del Golfo, pero al estar seriamente comprometido el transporte, aumentan las compras de crudo en yacimientos en Rusia, el norte de África, Estados Unidos y Latinoamérica: con una demanda mayor, que escala día a día, aumentan los precios. Las acciones que han decidido tomar los gobiernos son razonables, son positivas, pero apenas representan un parche que puede volatilizarse en muy poco tiempo. Facua las ha calificado como «maquillaje fiscal». Las medidas les costarán al Estado 5.000 millones de euros; calcúlese un 70% más –como mínimo– si la guerra atraviesa el verano. Por otro lado resultan muy evidentes las situaciones en las que no se ha intervenido ni probablemente se esté previsto intervenir. Hace más de tres semanas los bancos subieron el euríbor más de medio punto, del 2,4% al 2,8%. La mayoría de los hipotecados pagarán a partir de ahora entre 35 y 55 euros mensuales más como media. Por supuesto es una medida –digamos– preventiva, porque el Banco Central Europeo no ha movido una pestaña y sigue sin hacerlo. Los banqueros actúan como las gasolineras: suben preventivamente el precio de sus productos a sus clientes, antes incluso de que la situación haya afectado a su cuenta de resultados.
Lo cierto es que el horizonte político, militar y económico ha llegado a ser impredecible. Es impresionante comprobar cómo una gran potencia comete una y ora vez el mismo error: meter infantería –aunque se trata de cuerpos de élite– en una guerra en Oriente Medio. Solo que con 5.000 soldados los Estados Unidos no aplastará Irán. Con 10.000 tampoco. Más tropas y más ataques solo alimentan el riesgo de que la guerra escale y termine de regionalizarse como paso previo a un conflicto en la que intervenga otra gran potencia. Aunque los chinos disfrutarán primero del consumo agónico de arsenal militar de alta tecnología de Estados Unidos. Si uno trabajara en el Congreso o en el Estado Mayor estaría pensando en ese viejo chiste en forma de pregunta: Lee Harvey Oswald, ¿dónde estás cuando tu país te necesita? Por cierto, en materia logística no se encuentra nada en el acuerdo entre Canarias y Madrid. Y debería darse una pensada sobre nuestras mezquinas reservas energéticas, médicas y alimentarias.
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