El horror del fascismo sindical corporativista |
Hace más de una década, al analizar la estructura y la lógica de poder del régimen masista, advertía sobre los peligros del corporativismo como mecanismo de dominación política (Los peligros del corporativismo, 2014). Señalaba entonces que esta forma de articulación del poder -basada en la captura del Estado por sindicatos y organizaciones afines al gobierno- terminaría erosionando profundamente la democracia boliviana. Hoy, doce años después, ese peligro ha alcanzado quizá su expresión más extrema.
Lo que estamos observando no es simplemente la presión legítima de organizaciones sociales sobre el poder político. Hemos llegado a un punto mucho más grave: sectores corporativos organizados han terminado colocando a la sociedad entera como rehén de sus intereses. Por eso, quizá ya no corresponde seguir denominándolos “movimientos sociales”. En muchos casos, funcionan más bien como estructuras sindicales que, durante dos décadas, utilizaron el poder político como mecanismo de control, enriquecimiento y reproducción de privilegios.
La Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), las Bartolinas, los Interculturales, el Conamaq, los Ponchos Rojos, las Cooperativas Mineras, la COB y las seis federaciones cocaleras del Chapare no fueron simples aliados del poder masista. Fueron parte constitutiva del aparato estatal. Durante veinte años participaron activamente en la distribución del poder, el cuoteo........