Las mujeres que aprendieron a ser fuertes demasiado pronto

Crecemos creyendo que nuestras madres pueden con todo. Que no se cansan, que no se rompen, que siempre tienen una salida para resolver lo imposible. Durante años, esa idea se ha normalizado, creyendo que ellas están bien. 

Pero llega un momento en la vida en el que entendemos algo distinto: nuestras madres no eran invencibles, eran humanas. Y aún así, hicieron todo lo posible para que nosotros no viéramos sus límites. 

En Bolivia, el Día de la Madre suele llegar con flores, actos escolares, mensajes emotivos y redes sociales llenas de agradecimientos. Es una fecha hermosa, sí, pero también incompleta si solo nos quedamos en la superficie de la celebración. 

Porque detrás de ese día hay una realidad silenciosa: miles de mujeres que sostienen hogares enteros mientras también intentan sostenerse a sí mismas. 

Hay madres que se despiertan antes que la ciudad, cuando aún es de noche, y regresan cuando el día ya terminó para todos. Madres que trabajan sin descanso, que cuidan, que cocinan, que limpian, que........

© El Deber