El triunfo en Santa Cruz
A pocas horas de concluidas las elecciones “subnacionales” puedo emitir una idea de lo que fueron los resultados en el departamento de Santa Cruz, pero no todavía de lo que aconteció en el resto del país, donde, con algunas excepciones, no conozco ni a los candidatos, ni a las siglas que los prohíjan. Todo se ha convertido en un natural desbarajuste para mi entendimiento.
Mientras en Santa Cruz se ve una clara tendencia de verdadera reforma hacia una vida nueva, no puedo identificar qué sucede en el resto de la república, sobre todo en la zona andina, de donde salen voces con el mismo tono del evismo, con las mismas ofertas, los mismos reclamos y con el mismo resentimiento del que estamos hartos. Transcurridos 25 años de nefasto evismo, sería necesario doblar la página para buscar el verdadero cambio, como ha sucedido en Santa Cruz.
Las victorias de los candidatos cruceños alientan porque, hombres y mujeres, han fijado su vista en el progreso y la felicidad de la región. No existen diferencias de fondo entre quienes han obtenido la mayoría de los votos. Más bien se puede notar que, entre la alcaldía y la gobernación, se trabajará en armonía, sin la incómoda y permanente presencia del MAS.
Es muy importante, además, pensar que, con los candidatos y candidatas en la elección del domingo, que están entre los 40 y 50 años, se puede esperar lo que parecía imposible, y es que en un quinquenio más, aparezca una persona que, con suficiente formación y experiencia, pueda candidatear y ganar con toda holgura la Presidencia de la República.
La entereza y decisión de las jóvenes políticas cruceñas es notable, las de la capital y de las provincias, que han demostrado una capacidad parlamentaria y cívica única, notable. Lo han hecho sentir con creces enfrentando al masismo en la Asamblea y en las gobernaciones, en condiciones deplorables de desventaja. Esa incorporación femenina es una ruta que se está abriendo paso sin favores ni propaganda, a fuerza de pasión y de trabajo.
El entusiasmo ha sido grande el domingo pasado y esperemos que continúe. Ver a la gente acudir a las urnas a pesar del mal tiempo, ha sido alentador. Hombres con sus familias y hasta con sus perros para no dejarlos encerrados, mujeres solas con sus pequeños hijos en brazos o de la mano, fueron un mosaico democrático notable.
Indignó, empero, ver en Cochabamba a Evo Morales emitiendo su voto en el Chapare. No porque no tuviera derecho a votar, porque hasta los presos votan, sino porque burlándose de la justicia, se paseaba por donde había muchísima gente y se supone que policías también. Así observamos a este sujeto nefasto, muy reilón, muy amable, haciendo declaraciones, haciendo compañía, además, a su candidato a gobernador, sin importarle la orden de apremio que existe en su contra. Todo apuntaba a pensar que tenía alguna garantía de las autoridades para pasearse sin temor a esa demanda judicial que existe desde hace meses.
Menos mal que en Santa Cruz de la Sierra el fantasma de Evo Morales fue pulverizado definitivamente y pensamos que en la mayoría de las provincias también. No se debe olvidar a Luis Fernando Camacho, en su hora baja, que no ha sido beneficiado por el voto, pero que fue el eje crucial para que Evo Morales no volviera a poner sus pies en la Casa Grande del Pueblo, ni amenazara electoralmente en nuestro departamento.
(*) El autor es escritor
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