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Ecos del Mundial

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23.07.2026

He vivido en España y Argentina durante mis mejores años, y debo decir que en ambos países fui muy feliz, como lo fue mi familia. Amo a España y Argentina a tal extremo que, en el partido final de la Copa del Mundo de fútbol, concluida el domingo pasado, quería que ambas selecciones ganaran, que ninguna perdiera. Pero ya sabemos que todos los deportes concluyen con un vencedor y esta vez ganó con todos los merecimientos la selección española. Me gusta mucho el fútbol, pero no me creo capacitado para analizar ni comentar un partido, ni lo haré. Solamente me interesa decir que mis ojos vieron a unas camisetas rojas que se cansaron de disparar contra el arco argentino donde había un arquero que atajaba todo. Finalmente, entró un gol español y España ganó la ansiada Copa. Ahí debió terminar todo con fiesta, premios y abrazos.

Sin embargo, este campeonato mundial ha traído un tufillo a discordia que no debió suceder. Afloró un racismo absurdo. No fue lo mismo que cuando a un futbolista afro-descendiente se le grita “negro”, que, en estos tiempos, ya se castiga con rigor al autor o al estadio donde se lleva a cabo el juego. Ahora se trató........

© El Deber