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La magnífica ironía

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13.04.2026

Administrar una crisis no es gobernar: es habitar un cuento de Jorge Luis Borges. Un laberinto infinito de pasillos ministeriales sin Minotauro ni propósito, donde la mecánica de anuncios disfraza, en el fondo, una identidad política en construcción, aún sin dirección estratégica consistente.

El presidente llegó al poder sin una estructura partidaria consolidada ni una identidad política claramente definida. Fue percibido por muchos como una opción renovadora frente a la clase política tradicional. Su discurso directo, sin anclaje ideológico claro, su trayectoria como alcalde y senador, y el peso de su acompañante de formula le permitieron capitalizar los votos nulos y blancos de la primera vuelta para imponerse en la segunda.

Una vez en el cargo, el gobierno no ha logrado —ni parece priorizar— la construcción de alianzas partidarias sólidas que le permitan avanzar una agenda de mediano y largo plazo. A cinco meses de gestión, sus principales avances —como la eliminación parcial de la subvención a la gasolina y lo que Franklin Pareja denomina “cambio de eje” en política internacional— contrastan con demoras significativas en la presentación de leyes sectoriales fundamentales, como del........

© El Deber