Economía pos cambio de régimen
Los cambios de régimen suelen esperanzar despertares económicos. En Bolivia, la caída por la vía democrática del MAS, tras dos décadas en el poder, ha generado precisamente esa expectativa. Los votantes castigaron a un régimen que, en su decadencia, presidió una inflación galopante, el aumento de la pobreza, una corrupción generalizada y el vaciamiento de las instituciones democráticas. Tras años coqueteando con los peldaños más bajos de los índices de democracia —calificada como régimen híbrido, autocracia electoral o autoritarismo competitivo—, Bolivia evitó por poco el resbalón a la autocracia a secas. El nuevo gobierno no solo heredó un país en crisis, sino uno en que ciudadanos y agentes económicos esperan que las reglas del juego cambien de manera tangible.
La historia sugiere que los cambios de régimen son decisivos desde el punto de vista económico, aunque no siempre beneficiosos. La academia lleva tiempo tratando de comprender qué efectos tiene la inestabilidad política en el crecimiento económico: sus primeros estudios dieron resultados pesimistas. En la década de 1990, Alberto Alesina y sus coautores demostraron que los cambios de gobierno frecuentes estaban asociados a un crecimiento más lento. Robert Barro descubrió que las revoluciones y los golpes de Estado frenaban la inversión al debilitar los derechos de propiedad. La inestabilidad política parecía, en líneas generales, perjudicial para la economía. Sin embargo, esas generalidades ocultaban una gran varianza. Corea del Sur después de 1987 y Polonia después de 1989 tropezaron, pero se recuperaron. Bolivia, que tropezó en 1982, supo despegar a partir de 1985. Conmociones políticas similares........
