El Fuerte Bolivia y La Caballería Multilateral |
Como en esas viejas películas del oeste en las que el fuerte está rodeado por diversas crisis, desiertos de incertidumbre, búfalos en apronte y pesadillas colectivas, cuando la inflación se desboca y llega al 20%, el PIB entra en modo repliegue, el Estado es una cloaca y centenas de acreedores apuntando sus rifles contables aparecen en el horizonte. En medio de la polvareda, primero se escucha el trote suave, luego el ritmo fuerte, y por fin la corneta salvadora: tu-tu-tu-tuuuu. No es el Séptimo de Caballería, sino algo más sofisticado: el BID y la CAF, la Caballería Multilateral. No llegan con Winchester ni Colt, sino con créditos, desembolsos, programas de inversión, periodos de gracia, tasas blandas y, sobre todo, con dólares frescos, que en estos tiempos valen más que un caballo bien ensillado.
El anuncio no es menor: 3.300 millones de la CAF y 4.500 millones del BID. En total, 7.800 millones de dólares. En una economía sin divisas, eso equivale a mil botellas de agua en pleno desierto de Uyuni. Es decir: oxígeno. O para ponerlo en clave macroeconómica: un puente entre expectativas y desembolsos. El puente psicológico primero, “tranquilos, no se acaba el mundo, tómense un matecito de tilo”, y el puente financiero después, “los dólares llegarán con proyectos, carreteras, infraestructura, plantas, consultorías y todo lo que acompaña al desarrollo cuando llega en cuotas”.
El gobierno, desde el fuerte, celebra y construye narrativa. Dice que es la primera vez en veinte años que la caballería llega con banderas desplegadas y apoyo contundente. Pero conviene aclarar que el BID y la CAF no son recién llegados al set. Son viejos conocidos, veteranos del financiamiento internacional, habituados al asedio y a la........