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El país de las explicaciones

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03.10.2026

Bolivia se ha convertido en un país extraordinariamente bueno para explicar por qué las cosas no funcionan.

Tenemos explicaciones para la falta de dólares. Explicaciones para el combustible. Explicaciones para los precios. Explicaciones para los conflictos. Explicaciones para las instituciones que no responden. Explicaciones para las decisiones que llegan tarde.

Lo que comenzamos a tener cada vez menos son responsables. Y esa diferencia importa.

Porque explicar no es lo mismo que responder. La explicación reconstruye las circunstancias. La responsabilidad comienza después: cuando alguien acepta que tenía una obligación, que tomó una decisión, que produjo una consecuencia y que debe hacerse cargo de ella.

Pero nuestra política parece haber aprendido algo distinto. Cuando algo sale mal, siempre existe una herencia. Un adversario. Una crisis internacional. Un funcionario inferior. Una norma defectuosa. Una institución que no colaboró. Un sector que presionó. Una coyuntura que nadie podía prever.

Probablemente muchas de esas explicaciones sean ciertas. El problema comienza cuando la explicación deja de servir para comprender lo ocurrido y empieza a utilizarse para evitar responder por ello. Entonces gobernar se convierte en narrar. Y quizá esa sea una de las enfermedades menos visibles de nuestra democracia.

Hemos confundido durante demasiado tiempo el ejercicio del poder con la capacidad de producir un relato convincente. Quien gobierna explica por qué no pudo. Quien estuvo antes explica por qué no lo dejaron. Quien quiere llegar explica por qué, esta vez sí, todo será diferente.

Y el ciudadano escucha. Escucha conferencias. Escucha acusaciones. Escucha entrevistas. Escucha........

© El Deber