El mayor milagro que Bolivia necesita no es económico
Bolivia termina el 2025 exhausta, golpeada por una crisis económica, energética, política y social; sumida en estanflación; con un déficit fiscal por 11 gestiones consecutivas y un desbalance del comercio exterior, por 3 años; una caída del Producto Interno Bruto en 2,4% al primer semestre y una inflación del 20%, algo no visto en 40 años; la pérdida de empleos dignos en el sector formal, la pobreza en alza y una informalidad creciente, son parte de la cruda realidad, las cifras oficiales así lo demuestran.
Es lamentable decirlo, pero, buena parte de esta debacle fue autoinfligida por las políticas públicas deficientes, los insufribles bloqueos de carreteras, los paros recurrentes, los violentos avasallamientos, la escasez de combustibles y dólares, las trabas a la exportación, la burocracia asfixiante y la incertidumbre política, que frenaron el desarrollo.
En este contexto, el D.S. 5503, del 17 de diciembre de 2025, aparece como una señal necesaria y urgente, aunque no perfecta ni suficiente por sí sola, apuntando a la austeridad fiscal para la estabilización macroeconómica; al sinceramiento de precios en el sector de hidrocarburos con el levantamiento de la subvención al diésel y la gasolina, además, de medidas para que el sector empresarial privado vuelva a invertir, producir y exportar.
En economía, las señales cuentan a veces más que las propias políticas, porque influyen en las expectativas y ya se sabe que, sin........
