La biotecnología es clave para mejorar la producción
Los productores soyeros del país celebraron recientemente la aprobación del uso de biotecnología para los cultivos de soya. La decisión del Gobierno de autorizar la utilización del evento BH4, diseñado para mejorar la productividad por su tolerancia a la sequía y el estrés hídrico, fue bien recibido por los trabajadores del campo porque representa la primera incorporación de la bioinnovación en las labores agrícolas desde hace 20 años.
El certificado entregado en la Exposoya por el ministro de Planificación del Desarrollo y Economía Plural, Fernando Romero, a pedido de la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (ANAPO) cobra fundamental relevancia porque en Bolivia el uso de biotecnología, particularmente los organismos genéticamente modificados, está fuertemente regulado por la Constitución Política del Estado, aprobada en la primera gestión de Gobierno de Evo Morales.
La autorización para el uso del BH4 se logró después de más de tres años de intensas negociaciones entre las autoridades gubernamentales y los productores del sector. El evento, de origen argentino, es el segundo que se aplica en los cultivos de soya en más de dos décadas en nuestro país. El RR (Roundup Ready), era el único permitido hasta el pasado fin de semana en Bolivia y se había conseguido antes de la gestión del MAS.
Los productores agradecen este avance, pero solicitan al Gobierno del presidente Rodrigo Paz Pereira la aprobación de trámites abreviados para acceder a la mayor cantidad de biotecnología, como ocurre con otros países del Mercosur, a fin de lograr el salto definitivo que se requiere para mejorar la calidad de la soya y subir el rendimiento en la producción. Se estima que con el acceso a la bioinnovación en el plazo de un año el rendimiento de los cultivos podría aumentar entre un 20% y 30%.
De acuerdo con datos oficiales, en Bolivia se producen entre 3 y 3,7 millones de toneladas anuales (campañas 2021-2025), y el 90% se concentra en el departamento de Santa Cruz. El consumo interno requiere anualmente de aproximadamente 800.000 toneladas, lo que permite exportar cerca de 1,5 a 1,8 millones de toneladas al año, principalmente como harina, torta y aceite de soya. La venta de la oleaginosa y sus derivados en el mercado externo generó ingresos para el país superiores a los $us 682 millones (2021-2024), convirtiendo al sector en un gran generador de divisas.
Los productores del campo también tienen pendiente la aprobación de eventos relacionados con los cultivos de maíz. Aseguran que el déficit en la producción del cereal impacta directamente en los precios del pollo, uno de los alimentos más consumidos por la población, porque cada vez dependemos más del contrabando de maíz. En el país se requiere de 1,4 millones de toneladas anuales para el abastecimiento interno, pero solo se alcanza a un millón de toneladas, lo que significa que hay un faltante de 400.000 kilos, dependiendo del clima y de la cantidad de los cultivos.
De acuerdo con estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) la biotecnología agrícola es la clave para alimentar a una población mundial que alcanzará los 9.700 millones en 2050.
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