Sokol, Cerimedo y el precio de perder la confianza |
La salida del general Mirko Sokol de la Comandancia General de la Policía Boliviana no debería entenderse como un simple relevo administrativo. Ocurre en un momento sensible: Bolivia intenta reconstruir su cooperación en seguridad con Estados Unidos, Washington acababa de reconocer a Sokol como un "verdadero luchador contra el crimen" y, en paralelo, el caso Fernando Cerimedo empieza a proyectar interrogantes sobre posibles vínculos entre actores políticos, particulares y miembros de la Policía.
El 28 de agosto, tres días antes de su salida, el encargado de Negocios de Estados Unidos, Erik Martini, se reunió con Sokol y la Embajada destacó su trabajo contra el crimen. Esto no significa que Washington deba decidir quién comanda la Policía, pero sí revela que Sokol había ganado credibilidad justo cuando Bolivia busca recomponer la cooperación antidroga con Washington. Por eso, su salida obliga a Rodrigo Paz a ofrecer algo más que una explicación administrativa: debe garantizar que el cambio de mando no implique un retroceso en las investigaciones sobre corrupción policial ni en la cooperación internacional contra el crimen organizado.
Sokol había quedado en el centro de una investigación a raíz de audios en los que hablaba de una presunta estructura que habría reunido cerca de dos millones de dólares para influir en cargos policiales. El propio general reconoció haber hecho esas declaraciones, aunque corresponde a la Justicia determinar su alcance y veracidad. Si las denuncias eran falsas, deben esclarecerse; si eran ciertas, el Estado debe profundizar la investigación. Lo que no puede ocurrir es que la salida de quien puso el tema sobre la mesa termine siendo, de hecho, el final de la pesquisa. Una Policía vulnerable a la compra de........