Camila Vallejo: implacable
Con una perfecta sincronía tuvimos derecho después de la interminable entrevista Mara Sedini a la reaparición de Camila Vallejo. Tan bella como Mara, tan segura de sí misma, tan implacable como ella, pero con un olfato político y mediático que la derecha nunca pudo, o supo, concederle. Como si justamente su apariencia física les nublara la mente a la hora de apreciar sus fuerza y sus debilidades. O mas bien como si no pudieran concebir que una mujer como esa puede ser comunista. Por eso su figura los obsesiona al nivel de querer ver en Sedini una anti Camila. Una rubia que pueda sacar de sus cabeza la melena oscura de la ex dirigente estudiantil.
Camila es para cierta derecha una fantasía y una ofensa. Para esta derecha, el comunismo no es solo un error político o intelectual, o moral, sino que es una condición existencial, un defecto de nacimiento, una tara incurable. Los comunistas desde esa estrecha mirada tienen que ser malos, perversos y feos al mismo tiempo. Camila no es ninguna de esas cosas, pero sí comparte un atributo muy propio de su educación en la Jota: es exacta, fría a veces, poco o nada dada al desborde sentimental. Trabaja todas las horas que hay que trabajar, y si sonríe sabe por qué lo hace, y si deja de sonreír sabe por qué. Es en todos esos sentidos lo contrario de Mara, que obedece siempre a una serie de impulsos tan personales como intransferibles. Militante de un solo e invariable partido: ella misma.
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