El tiempo me puso en otro lado |
El episodio ocurrió la semana pasada en el Movistar Arena de Buenos Aires, pero podría haber pasado en casi cualquier concierto actual. Fito Páez presentó buena parte de un repertorio nuevo, el público reaccionó con frialdad, aparecieron los celulares, los comentarios en redes en tiempo real y finalmente también la molestia del propio músico, que encaró a parte de la audiencia cuando llegaron los clásicos y recién ahí apareció el entusiasmo colectivo.
La escena parece menor, incluso anecdótica. Pero probablemente expone una tensión mucho más profunda sobre cómo escuchamos música hoy.
Porque ambas partes, en el fondo, tienen algo de razón.
El artista tiene derecho a tocar lo que quiera. De hecho, probablemente esa sea la definición mínima de un artista. Nadie compra una entrada únicamente para activar una jukebox humana. Un concierto no debería reducirse a una lista de reproducción........