El punto ciego de la democracia

Murió Jürgen Habermas a los 96 años. Su partida no es solo el cierre de una trayectoria intelectual excepcional, sino también una oportunidad para volver sobre una pregunta que atraviesa toda su obra ¿en qué se funda, realmente, la legitimidad democrática?

La respuesta que ofrece es exigente. No basta con que las leyes existan ni con que sean eficaces; deben poder ser aceptadas por quienes están sujetos a ellas.

Esa tesis descansa en una tensión difícil de resolver. Las democracias modernas se organizan en torno a derechos, instituciones, procedimientos y legalidad, pero su funcionamiento efectivo depende de algo que no pueden producir por sí mismas: la disposición de los ciudadanos a obedecer las normas, participar en su formación y sostenerlas en el tiempo. El Estado puede garantizar reglas; no puede generar por coerción las convicciones que las hacen........

© El Dínamo