El elefante en la habitación

Expresar que “sin Allende no hay Pinochet” en Chile es un acto suicida. Basta pronunciar la frase para enfrentar, de inmediato, la imputación moral de justificar el golpe de Estado y su violación de los D.D.H.H. Pero es precisamente ese reflejo defensivo, tan instalado en cierta izquierda, lo que ha convertido una pregunta histórica legítima en un tabú político. Y los tabúes, si algo ha demostrado nuestra historia reciente, siempre terminan debilitando la democracia que dicen proteger.

No se trata de exculpar a golpistas ni de relativizar crímenes de lesa humanidad. Se trata de reconocer algo elemental: una sociedad democrática no puede darse el lujo de renunciar a entender su propio pasado, aunque duela. Y entender el pasado significa admitir la responsabilidad compartida por el clima de violencia política que precedió al 11 de septiembre. Responsabilidad que no anula la del otro ni menos la empata, pero sí obliga a reconocer que ningún quiebre institucional surge en el vacío.

Convertir esta........

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