Mafias

Si algo ha quedado en evidencia tras el reciente estallido social en Bolivia, no es precisamente una ruta clara hacia la estabilidad, sino una fractura simbólica que marca un antes y un después en el discurso público. Por primera vez en décadas, el velo del romanticismo ideológico se ha rasgado. El propio mandatario, junto a una clase política y ciertos círculos intelectuales que históricamente observaron al sindicalismo con una condescendencia casi sagrada, finalmente han cruzado el límite verbal: se han atrevido a llamarlos "mafias".

Este reconocimiento es la única victoria real que el ciudadano de a pie ha obtenido en medio del caos. Admitir que Bolivia está secuestrada por estructuras corporativas que operan bajo lógicas criminales es el primer paso para entender por qué, mientras estos grupos sigan dictando el destino nacional, el país seguirá condenado........

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