El futuro del derecho del trabajo y la globalización |
El Derecho del Trabajo atraviesa dificultades en un mundo orientado por la globalización de los mercados y las prácticas de flexibilización o desregulación. No puede sustraerse a los cambios sociales y económicos, porque forman parte de la realidad; pero tampoco es menos cierto que no se puede eludir su sentido humano.
Recordemos la Encíclica Rerum Novarum y la constitución de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) como dos grandes hitos de la vida laboral. No es tiempo de nostalgias, sino de estudio, reflexión, propuestas, esperanza y coraje. Su reconstrucción debe ser el producto de una deliberación, una convicción y un quehacer colectivo y plural que comience por la definición de los roles del Estado y del derecho en una sociedad democrática, que pretende la coexistencia de la libertad con la garantía de la igualdad de oportunidades.
Es necesario coadyuvar para mantener la disciplina tutelar de los trabajadores. En el nuevo milenio, la pregunta es: ¿cuál es el futuro del Derecho del Trabajo? Connotados juslaboralistas han venido realizando ponencias sobre sus perspectivas, sin apartarse de los derechos humanos fundamentales; es decir, con la exigencia de no desnaturalizar la normativa laboral. En esa dinámica, las perspectivas resultan determinadas por la búsqueda de equilibrios eficientes y equitativos entre las necesidades de protección y las que derivan de dimensiones políticas y económicas. Se presentan múltiples complejidades; empero, esta labor, como sugiere el tratadista Mario E. Ackerman, debe enfrentarse con una visión triple: temporal, sectorial y dimensional, distinguiendo lo común de lo diverso.
Bolivia, en 1938, incorporó el Régimen Social en su Constitución Política del Estado y, en 1942, sancionó la Ley General del Trabajo (LGT), referencias que constituyeron dos pasos significativos. En la actualidad, el país presenta un evidente atraso y dependencia; no cuenta con una política laboral y de empleo. En los últimos años, la desocupación ha crecido; la migración se presenta como una alternativa de subsistencia ante la ausencia de fuentes de trabajo; el sindicalismo está en decadencia y la incertidumbre es constante. Asimismo, se advierte el debilitamiento de las empresas o su cierre definitivo. El viento sopla a favor de la burocracia partidaria, que ha formado pequeños “búnkeres” de la burocracia estatal.
Es necesaria una toma de conciencia de la realidad y del nuevo desafío que representan las relaciones de trabajo, así como una nueva mística entre intereses opuestos. La mayor parte de las personas que integran la fuerza laboral se mantiene al margen del trabajo legal y tradicionalmente estructurado, con categorías nuevas: informales, inmigrantes, atípicos y marginados, que representan en la actualidad la inmensa mayoría del mundo del trabajo. Es perentorio implementar políticas coherentes y efectivas que alivien esta situación.
La globalización no extinguirá el Derecho del Trabajo; podrá transformarlo, adecuándolo a las necesidades de los tiempos que está llamado a normar, con un empleador casi siempre privado. Sin embargo, el Estado deberá cumplir sus deberes y no soslayarlos. En el nuevo milenio, con avances en la ciencia, la tecnología y la innovación, las relaciones de trabajo —subordinadas o no— deberán tener siempre a la persona humana como el centro esencial, protegiendo sus derechos fundamentales y su dignidad.
René G. Mostajo Deheza - Docente emérito de la UMSA