Sigue creciendo

12 de abril 2026 - 04:59

Toda esta semana hemos celebrado la resurrección del Señor. Hemos repetido: "Este es el día que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo". Y una de esas alegrías es comprobar que la Iglesia Católica sigue creciendo, a pesar de los pesares. Este domingo se bautizarán en la Catedral de Córdoba cincuenta y un adultos. En España serán más de quince mil, y cada año aumentan aproximadamente un diez por ciento.

Este auge de los bautizos de adultos se da también en Europa, Estados Unidos, Asia y África. Los hombres siguen buscando a Dios, especialmente los jóvenes. En Estados Unidos, los católicos de la generación Z superan ya en número a los protestantes.

Un converso decía: "Desde que avanzo por el camino de la fe y del bautismo, siento que existo, que tengo valor, y mi alma se restaura". Muchos catecúmenos proceden de familias de tradición cristiana; una tradición que se rompió con sus padres, que no los bautizaron, pero que sobrevivió gracias a sus abuelos, quienes de algún modo lograron transmitirles lo que no recibieron en su hogar.

Arrastramos una generación perdida en el campo de la fe. Las familias han sufrido mucho; el ambiente ha sido poco respetuoso, incluso agresivo, con la vida cristiana, especialmente en los ámbitos cultural, universitario y escolar. A pesar de la larga persecución, de los poderosos medios utilizados y de la estigmatización de todo lo católico, la Iglesia sigue viva y crece.

La oración colecta de este domingo lo expresa con hondura: "Dios de misericordia infinita, que reanimas, con el retorno anual de las fiestas de Pascua, la fe del pueblo a ti consagrado, acrecienta en nosotros los dones de tu gracia, para que todos comprendan mejor qué bautismo nos ha purificado, qué Espíritu nos ha hecho renacer y qué sangre nos ha redimido. Por nuestro Señor Jesucristo".

El libro de los Hechos de los Apóstoles, al narrar los primeros tiempos de la Iglesia, nos dice: "Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno. Con perseverancia acudían a diario al templo con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón; alababan a Dios y eran bien vistos de todo el pueblo; y día tras día el Señor iba agregando a los que se iban salvando".

La vida en Cristo -la auténtica, no adulterada- es profundamente atrayente. Es hermoso encontrar jóvenes que desean aprender a mirarse con limpieza, vivir un noviazgo casto, llegar vírgenes al matrimonio y respetar su cuerpo. Cuentan gozosos que han recuperado la libertad y la paz al escapar de la pornografía y de las adicciones. Hablan de lo grato que es disfrutar de la amistad, del descanso sereno, del deporte, de la naturaleza, lejos de antros y garitos.

Según el Anuario Pontificio 2026, la Iglesia Católica alcanzó un máximo histórico de 1.422 millones de fieles en el mundo, aproximadamente el 17,8% de la población. Se observa un crecimiento sostenido, impulsado sobre todo por África y Asia, mientras que en Europa y América el aumento es más moderado. El incremento respecto al año anterior fue de unos 15,8 millones de católicos.

Los números no son lo importante. Se dice que Dios solo sabe contar hasta uno: le interesa cada persona. Todos somos preciosos ante Él, importantes, únicos. Pero las cifras reflejan una realidad que no podemos ignorar.

Era costumbre que los recién bautizados en la Vigilia Pascual conservaran las vestiduras blancas hasta este domingo; por eso se llama dominica in albis. Desde el año 2000 es también el Domingo de la Divina Misericordia. Se recuerda que Cristo resucitado derrama sobre el mundo su misericordia, especialmente a través del sacramento de la Reconciliación, llamado por Jesús, en revelación a santa Faustina, "el tribunal de la misericordia".

"Cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia", le dijo Jesús a santa Faustina. No dudemos en acercarnos a Dios durante estos días, especialmente mediante la confesión sacramental, para cumplir con el precepto pascual.

También podemos secundar el deseo de León XIV de pedir por la paz en el mundo. Cristo resucitado saluda a los suyos con estas palabras: "La paz esté con vosotros".

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