Farolillos y exilio

30 de mayo 2026 - 03:14

Acaba la Feria de Córdoba y la ciudad amanece con esa melancolía de circo desmantelado: papelillos húmedos, vasos derrotados y un olor agrio a vino muerto pegado a las aceras como una resaca del alma. Y uno, cordobés hasta el tuétano, hijo de esta tierra de cal abrasada y veranos bíblicos, se atreve a confesar una herejía que en Andalucía todavía se mira como si fuese traición de sangre: nunca me gustó la Feria. Ni las sevillanas. Ni las Cruces. Ni esa liturgia obligatoria del rebujito y la palmada. Jamás supe moverme entre farolillos sin sentirme impostor, como un actor de sainete que ha olvidado el libreto. Pero lo curioso es que, lejos de........

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