Artemis II no tendrá una venta |
09 de abril 2026 - 03:08
Allá donde la llanura de La Janda va encontrando el Estrecho, se levantó un pequeño pueblo de colonización, Tahivilla, cuyo hito sigue siendo la venta Apolo XI, fundada poco después de que los tres primeros hombres pusieron el pie en la Luna en 1969 y que aún hoy sigue asombrando por sus pescados a la brasa, su carne de retinto y unos precios moderados para la locura turística que se está convirtiendo el eje Zahara de los Atunes-Tarifa, sólo apto en verano para madrileños desesperados por presumir de regreso a la almendra de la M-30.
La reciente misión lunar Artemis II no le pondrá nombre a ninguna venta porque aquel gran paso de la humanidad no tiene parangón con este viaje sin alunizaje que servirá, no obstante, para volver a pisar el satélite en 2028. Ni los niños de todo el mundo se sabrán de memoria aquel trío de Armstrong, Collins y Aldrin, cuya proeza adquiere aún más valor si se tiene en cuenta que fueron, llegaron, pisaron y volvieron hace casi 60 años, cuando internet no se había desarrollado y Stephen Hawking y Roger Penrose aún no habían desarrollado su teoría sobre los agujeros negros, esos ombligos del universo donde la física es todavía metafísica. La radiación de fondo, que es la gran fotografía del origen del universo, era poco más que una especulación.
Han hecho más por el conocimiento cosmológico un puñado de físicos teóricos con unos papeles en blanco que aquellas misiones de la carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética, lo que nos da cuenta de los diferentes intereses que mueven a unos y otros, dos anhelos humanos diferentes pero complementarios: el conocimiento y la conquista de nuevos territorios para este homo.
Porque ése es el objeto de las misiones Artemis, asentarse en la Luna para desarrollar una tecnología que permite viajar a Marte. Ahora es China la que se viene adelantando a Estados Unidos, dos naves asiáticas ya se posaron en la cara oculta de la Luna, así que andamos como en 1969, con nuevos cachivaches, pero igual de sumidos en nuestra insana convivencia. Más que exportar, vamos a colonizar, a salivar con Dorados de coltán y litio.
Cuando lleguemos a Marte, otros físicos habrán superado desde sus despachos nuestra pequeña galaxia, y esos sabios sí que nos estarán alumbrando unos nuevos sueños.
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