El lugar donde fuiste feliz

Cine de verano Hispano-Villasol ubicado en la Alameda de Hércules desde 1938 hasta 1949. / ICAS SAHP, Fototeca Municipal de Sevilla, fondo Vilches

“Recuerdo la escalera de madera de mi tía, con sus peldaños de roble oscuro, suavemente gastados por el uso, cuyo crujido al pisarlos siempre me anunciabael momento de entrar en su casa, transmitiéndome una sensación de profunda familiaridad. Aquellos recuerdos contienen la esencia más pura y densa de la arquitectura”.

Hace muchos años, leí este párrafo de Peter Zumthor -uno de mis arquitectos favoritos durante la carrera- en su libro Pensar la arquitectura. Pensé en la capacidad de un espacio para conmovernos en fracciones de segundo, y en la fuerza de la memoria acústica y visual o la atmósfera para evocarnos recuerdos que configuran nuestra percepción del espacio y nuestro afecto o amor por ellos. 

La topofilia, de las raíces griegas topos -lugar- y philia-amor o afinidad-, es el vínculo afectivo y el amor intenso que las personas desarrollan hacia un entorno, paisaje o lugar específico.

Pensé en la capacidad de un espacio para conmovernos en fracciones de segundo, y en la fuerza de la memoria acústica y visual o la atmósfera para evocarnos recuerdos que configuran nuestra percepción del espacio y nuestro afecto o amor por ellos.

Pensé en la capacidad de un espacio para conmovernos en fracciones de segundo, y en la fuerza de la memoria acústica y visual o la atmósfera para evocarnos recuerdos que configuran nuestra percepción del espacio y nuestro afecto o amor por ellos.

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