Siempre hacia adelante |
Rosalía, durante el último concierto celebrado en el Movistar Arena. / Carlos Doncel
Disculpen esta intromisión algo personal, pero hace poco me preguntaron en una entrevista cómo titularía mi próxima columna si ésta tratase acerca del momento vital que atravieso, y me referí a estas tres palabras que describen el estado de Whatsapp de mi madre: "Siempre hacia delante". Y aquello me hizo reflexionar, no solo sobre esa mujer indomable, sino sobre la capacidad del ser humano para mirar atrás y ahogarse en fantasmas y frustraciones que, casi siempre, ni existen.
La sevillana que nos dio a luz a mí y a mi hermano hace casi cinco décadas fue pediatra primero, y psiquiatra, después. Una de las pocas mujeres que estudió medicina en su época -solo hay que ver la orla para darse cuenta de su fortaleza- y una eterna estudiante que nunca se cansó de intentar aprender idiomas, sobre todo, el inglés, lengua que siempre apreció sobremanera. Desde hace dos años, esa misma persona vive presa de una demencia frontotemporal que la castiga a perder el hilo en la conversación y a observar conscientemente cómo naufragan en su cerebro las frases que desea decir y para las que no encuentra palabras. Ella dice que no sabe hablar. En realidad, claro que sabe, pero se ve obligada a simplificar el diálogo y a reducir al mínimo su vocabulario para poder mantener el diálogo con sus hijos, familia y amistades. Y siempre avanza. Y nunca se rinde. Y siempre fue así. Cuando las cosas se complicaban (por los estudios, el amor, el trabajo…), siempre nos decía lo mismo: Cariño, hay que mirar hacia delante".
Quizás por eso, mientras asisto al paso de estas procesiones por nuestras calles, observo que todas ellas -incluso, cuando caminan hacia atrás- van hacia delante. Cada túnica nazarena, cada cirio, cada costal, cada palio y cada cruz caminan hacia adelante a pesar del cansancio, el calor, los pies o, lo que es peor, esa vida que se sube a cuestas y es mucho más difícil de llevar que dos palos de madera. También va hacia delante el que piensa en la Feria. Y el que ya está en la playa.
Cada túnica nazarena, cada cirio, cada costal, cada palio y cada cruz caminan hacia adelante a pesar del cansancio, el calor, los pies o, lo que es peor, esa vida que se sube a cuestas
Cada túnica nazarena, cada cirio, cada costal, cada palio y cada cruz caminan hacia adelante a pesar del cansancio, el calor, los pies o, lo que es peor, esa vida que se sube a cuestas
Hasta el mismo Almodóvar va hacia delante al señalar que tiene prisa por rodar sus películas porque siente que ya le queda menos tiempo. O ese chaval que, hace escasos días, apareció en el metro de Madrid tocando el violín provocando un silencio y respeto inesperados y haciendo que su música detuviera el tiempo en un vagón atestado de móviles y extraños. Y es que, ahora que Rosalía vuelve a actualizar lo clásico, también nos ha demostrado que para avanzar se puede revisitar el pasado sin perder de vista el presente y, en sus conciertos, el futuro.
También va hacia delante quien persiste en desarrollar sus creaciones a pesar de las miradas de soslayo, las sonrisas encubiertas y los golpecitos en el hombro envueltos en púas y veneno. O quien sostiene su carrera sin entrar en batallas a sabiendas de que, en más de una ocasión, gente con más poder que talento ha intentado hundirle. O cada estudiante que protesta ante un profesorado inútil y más centrado en proyectar sus traumas que en potenciar el talento de mentes jóvenes y necesarias en su imprudencia. O esas inquilinas que han conseguido frenar los fondos buitre a base de batallas callejeras y gritos de "Nos quedamos". O ese pájaro que vuelve cada mañana a nuestra ventana buscando pan (y paz) con agua. O quien acabó con el corazón destrozado y sabe que lo reconstruirá.
Ahora que hay tanto miedo ante la implantación en todos (todos) los sectores de la Inteligencia Artificial (que, como bien dice, solo será inteligente si la usa gente inteligente) la única manera de abordar la situación es mirándola a la cara y hacia delante. Aceptándola. Y poniendo límites.
Ahora que hay tanto miedo ante la implantación en todos (todos) los sectores de la Inteligencia Artificial (que, como bien dice, solo será inteligente si la usa gente inteligente) la única manera de abordar la situación es mirándola a la cara y hacia delante. Aceptándola. Y poniendo límites.
Ahora que hay tanto miedo ante la implantación en todos (todos) los sectores de la Inteligencia Artificial (que, como bien dice, solo será inteligente si la usa gente inteligente) la única manera de abordar la situación es mirándola a la cara y hacia delante. Aceptándola. Y poniendo límites. Pensar que podemos vivir ajenos a su implantación es como haber intentado negar hace décadas la llegada de Internet. No será fácil, claro está. Habrá gente (ya la hay) que se adaptará muy rápido al cambio, y otra, nunca. Caerán puestos de trabajo y surgirán otros. Pero también se desarrollarán herramientas nunca imaginadas en campos como la medicina, la salud, el trazado urbano, el ocio, la cultura y hasta la Declaración de la Renta.
No lo he hablado todavía con mi madre, pero creo que a ella le hubiera gustado disponer de ChatGPT y otros recursos hace años, sobre todo, cuando falleció su marido y se encontró demasiado perdida, pero llegaron algo tarde para ella y por suerte siempre tuvo una comunidad de vecinas que la supo arropar. De lo que sí estoy bastante seguro es de que, si le preguntase ahora mismo qué le parecen estos avances, me diría que lo importante es estar tranquilo, tener amor y poder tomarse una cervecita de vez en cuando... Y si le dijera que no me ha respondido a la pregunta, sé que me diría: "Vamos a ver, Jorgito, hay que mirar hacia delante".
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