El sucesor de Pedro Sánchez se llama... Pedro Sánchez

Pedro Sánchez ha encontrado por fin un sucesor a la altura de Pedro Sánchez en el juego narcisista de los espejos: Pedro Sánchez. La convocatoria electoral parece concebida menos como una retirada que como una maniobra de supervivencia, el movimiento con que un jugador abrumado sacrifica la torre para conservar al rey. La vivienda le ha proporcionado el momento dramático y el antagonista conveniente. Después de una legislatura extenuada, comparece ante las urnas con la pretensión de que el incendio absuelva al pirómano. Ni siquiera necesita ganar. Le basta con perder bien.

Borges imaginó a Pierre Menard empeñado en escribir de nuevo el Quijote. No copiarlo, escribirlo otra vez, palabra por palabra, varios siglos después, de manera que el texto idéntico adquiriese un significado distinto porque había cambiado el tiempo. Sánchez podría estar preparando su propio experimento menardiano. El candidato sería exactamente el mismo —él mismo— y aspiraría a presentarse después como una novedad. Bastaría que mediara entre ambas apariciones un Gobierno incendiario del PP y Vox. La derecha haría el trabajo de envejecimiento. Él regresaría rejuvenecido por contraste.

Sánchez convoca para obtener la derrota más rentable. Un PSOE todavía corpulento, dueño casi exclusivo del voto de izquierdas, permitiría convertir el hundimiento de Sumar y la irrelevancia de Podemos en una........

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