¡Un Goya para el pacifismo de Sánchez!

Ha tardado Sánchez en responder ante la opinión pública sobre la crisis iraní y ha escogido el formato del búnker y del plasma, una declaración vacua sin preguntas, un monólogo blindado que enfatiza implícitamente su pulso narcisista con la Casa Blanca pero evita el incómodo escrutinio del Parlamento y de la prensa.

Sensiblero, demagógico y pacifista de salón -"más hospitales y menos misiles"-, Sánchez incurrió en la ebriedad electoralista cuando denunció la imagen de las Azores. Convocaba el fantasma de Aznar un cuarto de siglo después. Incluso hizo suyo Sánchez el lema de "no a la guerra", como si le hubieran entregado un Goya extemporáneo. Hubiera encajado mejor el esmoquin. Y un beso en la mejilla de Susan Sarandon.

Lo que no hizo fue mencionar explícitamente a Donald Trump, ni referirse con el menor énfasis a la guerra comercial que le ha declarado la Casa Blanca. Hubiera tenido sentido hacerle preguntas en nombre de la transparencia, pero el monologuista de Moncloa se atuvo a la noción patriarcal del cargo, cuando no pontificia.

He aquí el síntoma de una democracia que se ha vuelto introvertida, de tal manera que el líder solo habla para que su propio eco le devuelva la imagen que desea ver en el espejo. Evitar el interrogatorio de las Cortes y las cuestiones incómodas no caracteriza la prudencia diplomática, sino la soberbia política.

Nada mejor para reanimarla que su duelo con el puto amo. Y........

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