¿Cuánto tiempo puede secuestrar Netanyahu a Trump?
Israel ha incitado esta guerra con una destreza que compagina la paciencia estratégica y la adulación al ego de Trump. No puede desquitarse Netanyahu de los ayatolás sin la cooperación del compadre yanqui, pero necesita revestirla de una dimensión planetaria. El pulso crónico entre el Estado judío y la República Islámica adopta así la solemnidad de una batalla por la civilización. Cuanto más local es el interés, más global resulta la coartada.
Netanyahu llevaba años aguardando una coyuntura similar. Irán debilitado por sus propias tensiones internas, el eje chií erosionado tras la devastación de Hamás y la presión constante sobre Hezbolá, la industria militar persa reconstruyéndose afanosamente. Faltaba el catalizador. Faltaba Estados Unidos. O mejor dicho, faltaba Donald Trump, cuya adhesión incondicional a las plegarias de Netanyahu sugiere la idea de un secuestro psicológico.
La habilidad del primer ministro israelí ha consistido en implicar al presidente norteamericano en un conflicto cuya repercusión trasciende el cálculo inmediato de Washington. Trump había prometido guerras cortas, quirúrgicas, con definiciones precisas. Cuatro o cinco semanas. Una operación impecable, una declaración de victoria y regreso a casa antes de que la opinión pública se impaciente. Netanyahu, en cambio, piensa en términos de décadas. O de supervivencia existencial. Su horizonte no se mide en encuestas,........
