Cuando las plazas dejaron de ser un destino para convertirse en un recorrido

Podría parecer una paradoja. Durante generaciones, las plazas han sido la extensión natural de la vida doméstica, desde la explanada donde los vecinos se ganaban la vida hasta el lugar favorito de los niños para merendar y jugar. Hoy, las historias vividas en estos puntos de encuentro parecen haber sido sustituidas por lugares en tránsito. Espacios diseñados para cruzar, pero no para estar. Para comprender su historia, debemos retroceder en el tiempo y entender cómo y por qué han ido evolucionando. Quizá estamos a tiempo de repensar, desde la arquitectura y el urbanismo, algunos de estos espacios que están siendo transformados en nuestras ciudades.

En muchos pueblos y ciudades españolas, las plazas no fueron construidas por orden de un arquitecto, se iban formando según las necesidades de la población, como la Plaza Mayor de Chinchón. Su configuración comenzó en el siglo XV, dando respuesta a las actividades comerciales y ganaderas de la localidad. Y, como es de esperar, las viviendas fueron construyéndose alrededor del lugar que frecuentaba el trasiego. Eso sí. Si alguna vez has visitado la cuarta maravilla de la Comunidad de Madrid, lamento decirte que las primeras casas no son como las que la forman ahora. Antiguamente, las primeras casas no tenían balcones, fueron añadidos en función después. Los 234 balcones que ahora todo el mundo fotografía fueron creados a modo de palco para presenciar las actividades lúdicas celebradas en plaza, como la famosa corrida de toros celebrada en 1502 en honor a Felipe el Hermoso, considerada como una de las primeras de la historia. Hablamos de un espacio que no surge para impresionar, sino para ir dando forma al arraigo de una sociedad.

Aunque algunas no tuvieron tanta suerte como la Plaza Mayor de Chinchón. La Plaza de la Paja, ubicada en el conocido Madrid de los Austrias, y surgida entre los siglos XIII y XIV, fue el epicentro de Madrid hasta que el rey Felipe II ordenó remodelar y acondicionar la antigua Plaza del Arrabal, actual Plaza Mayor, para convertirla en un monumento digno de Madrid, que aspiraba a representar el poder de la monarquía.

La capital, en el siglo XVII, contaba con 100.000 habitantes -según documentos del Ayuntamiento de Madrid-, lo que suponía la necesidad de contar con un gran espacio para la celebración de actos públicos. Siglo a siglo, los habitantes llegaron a 200.000 en el XIX,........

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