Andalucía crece… ¿gracias al Gobierno o la Junta? |
Las esquinas de los centros de poder en Andalucía dan mucho de sí, sobre todo si uno se encuentra en el lugar correcto y en el momento adecuado:
Por las esquinas de la Presidencia del Gobierno ya afinan el argumentario para el desembarco de María Jesús Montero como candidata del PSOE a la Junta de Andalucía y, junto a la artillería habitual sobre la Sanidad o los servicios públicos, empieza a tomar forma una batalla más sutil y decisiva: la del relato económico. Porque Andalucía crece —los datos están ahí—, pero lo que se discute ya no es el crecimiento, sino su autoría. El PP lo fía a su gestión, a la estabilidad y a ese clima de confianza que, según defiende, ha activado inversión y empleo; el PSOE prepara la réplica desplazando el foco hacia el contexto nacional, las reformas laborales, los fondos europeos y una política económica que habría sostenido el ciclo. Dos explicaciones que no se excluyen, pero que compiten por quedarse con el titular. Y ahí está la clave: durante años Andalucía discutía por qué no avanzaba; ahora discute quién tiene derecho a explicarlo. Quizá ese sea, en el fondo, el mejor síntoma de que algo está cambiando.
Por las esquinas de la Fundación Cruzcampo se ha presentado un informe esclarecedor de la opinión de la generación Z sobre la hostelería, un sector tan fundamental en Andalucía como denostado en muchas ocasiones. La segunda edición del barómetro de Hostelería deja algunos mensajes claros a las puertas de la Semana Santa y la temporada turística: los jóvenes no rechazan ser camareros; lo que rechazan, alto y claro, es ser explotados. Muchos de ellos tienen vocación por la hostelería —los programas de televisión han fomentado estos oficios—, pero piden una mayor profesionalización y un cambio del modelo de negocio: para las nuevas generaciones, tener tiempo para conciliar su vida personal es tan prioritario como un sueldo digno y un contrato que recoja sus horas reales de trabajo. Ahora, la pelota está en el tejado de los empresarios, que se siguen quejando de que no encuentran empleados…
Por las esquinas de la capital del levante andaluz no ocultan la ilusión por la inauguración esta semana de la primera fase de la integración Puerto-Ciudad, una actuación que supone la apertura de unas dos hectáreas para el disfrute de los ciudadanos. El proyecto se irá desplegando por fases durante los próximos años, con horizonte en torno a 2028 para su desarrollo principal y una inversión cercana a los 50 millones de euros. Es solo el inicio de una aspiración mucho mayor: transformar su frente portuario más urbano, como hizo Málaga, y convertir una zona degradada en una nueva centralidad. Una operación que, junto al soterramiento del tren, la llegada del AVE, la peatonalización de avenidas del centro y la reforma de la Alcazaba, apunta a un cambio de escala. Almería quiere reconciliarse con su paisaje y con su historia, y empezar a proyectar una imagen más acorde con lo que siempre ha sido: la puerta de entrada a una provincia tan singular como, durante demasiado tiempo, discreta.
Por las esquinas de la barra: “Pues el 17M tenemos la Feria de Jerez, así que más vale que nos dejen ir a votar a caballo…”