Política económica en crisis energética |
La guerra en Irán se complica. Trump bombardeó, sin un plan, pensando que el éxito militar de Venezuela se podría replicar, pero se equivocó. Venezuela lo coordinó Marco Rubio y el plan llevaba años preparándose. El régimen chavista se vio desbordado y claudicó, aunque todavía controla el Gobierno, no ha cedido todo el poder, las cárceles siguen llenas de presos políticos y los que huyeron aún no tienen las garantías de volver y acabar presos.
En Irán, el régimen de los ayatolas no va a dejar el poder sin luchar, eso implica una intervención militar y un nuevo Vietnam, y está Netanyahu por medio, que necesita la guerra con Irán para seguir en el poder y que cometió un gravísimo error bombardeando uno de los mayores yacimientos de gas del mundo, que los iraníes comparten con Qatar. Esto ha asustado a los inversores que pensaron que esto sería una crisis corta, como la del bombardeo en Irán de julio de 2025, y empiezan a asumir que será más largo. Trump ya ha dicho dos veces que la guerra acabará pronto, pero los mercados no le creen, ya que, de lo contrario, el petróleo no estaría próximo a 100 dólares el barril y las bolsas un 10% abajo.
Las crisis energéticas generan inflación y los activos más afectados son los de renta fija. El mercado de bonos apenas reaccionó la primera semana después del bombardeo, pero ya están empezando a descontar mayor inflación. Esta semana se ha reunido el consejo de la Fed y del BCE, y los mercados estaban expectantes. Ambos han tenido una reacción similar, los dos han revisado ligeramente sus previsiones de inflación, aunque un par de décimas de momento, pero los dos han advertido que siguen de cerca la guerra y la crisis energética para tomar decisiones si es necesario para garantizar su mandato de estabilidad de precios.
En EEUU, la Fed está bajo la presión de Trump, que quiere seguir bajando los tipos de interés y debilitando al dólar, pero el banco central dio un mensaje prudente y el mercado ha dejado de esperar nuevas bajadas de tipos y ha pasado a dudar si habrá alguna subida. Eso explica que el dólar haya dejado de caer y se haya apreciado desde que comenzó el conflicto. EEUU tiene mucha deuda pública y un déficit fiscal insostenible y que los inversores sigan viendo al dólar como la moneda refugio es, sin duda, una excelente noticia. Si dudaran del dólar y de Trump, el riesgo de entrar en una crisis financiera global, como la de 2008, sería elevado.
En Europa, Lagarde fue más agresiva en su rueda de prensa y puso más nerviosos a los mercados que Powell. En la crisis energética del gas, la Fed anunció su ciclo de subidas de tipos en diciembre de 2021 y el BCE tardó meses en reaccionar y llegó tarde. Esta semana Lagarde se ha puesto la venda antes de la herida y ha advertido de posibles subidas de tipos si la guerra continúa y los precios del petróleo y del gas siguen altos. El mercado anticipa dos subidas de tipos este año del BCE hasta el 2,5% y, por eso, el Euribor a un año subió hasta el 2,66% este viernes, casi 50 puntos básicos más que antes de empezar el conflicto. El BCE dijo que, en el escenario más negativo, la inflación podría subir al 6% y eso podría llegar muy rápido si la guerra dura un mes más e implicaría tipos del BCE y del Euribor más altos.
En España, las familias y las empresas disfrutamos de los tipos de interés más bajos de Europa, según el BCE, y eso lo más probable es que continúe. El secreto es que la banca española tiene más depósitos que crédito concedido, eso permite tener un tipo de depósitos razonable y permite mantener tipos de crédito más bajos que en el resto de países.
Más complicado puede ser financiar nuestra deuda pública. El BCE no solo ya no nos compra deuda, sino que está dejando de renovar los vencimientos. El Tesoro español tiene que emitir esa deuda en mercado y que la compren inversores privados, y ese dinero es clave para pagar pensiones y sueldos de los funcionarios. Cuando aumenta la aversión al riesgo de los inversores, buscan protección en activos refugio y, en Europa, sigue siendo la deuda pública alemana, que además de ser la mayor economía de la Eurozona, tiene casi la mitad de deuda pública sobre PIB que Francia y España.
Por eso razón, la prima de riesgo de la deuda pública española ha subido hasta superar ya los 50 puntos básicos. Sigue siendo niveles muy bajos y muy lejos de problemas de sostenibilidad de nuestra deuda, pero puede ser como el canario en la mina, que cuando deja de cantar es que hay un escape de grisú. Más preocupante es la deuda italiana, que sigue próximo al 140% del PIB y su prima de riesgo ha subido con fuerza las dos últimas semanas hasta 100 puntos básicos.
En este escenario, el plan de ayudas que aprobó este viernes el Gobierno es muy prudente y una buena señal para mantener la confianza de los inversores internacionales en nuestra deuda pública. El coste estimado de las ayudas es de unos 5.000 millones de euros, el equivalente a 3 décimas de PIB. Y, además, la mayor parte de las medidas son rebajas fiscales que tendrán un impacto mínimo en el déficit público. Al subir los precios, Hacienda recaudaría más y, al bajar el IVA del 21% al 10%, reduce los ingresos, pero no aumenta el gasto y apenas el déficit.
Que Pedro Sánchez se aleje del populismo de extrema izquierda de sus socios, como sucedió en la crisis energética de 2022, también es una excelente señal para los inversores internacionales. En 2022, Pedro Sánchez, para contentar a sus socios comunistas de gobierno, tiró de manual de populismo laclauliano y culpó a las empresas de la crisis y de la subida de inflación. Impuso un impuesto extraordinario a las empresas energéticas y a la banca que no evitó el empobrecimiento de los españoles por la subida de la inflación y que solo sirvió para que los comunistas de Sumar y de Podemos nos dieran la turra todos los días de lo necesario que es tenerles a ellos en el gobierno para que el PSOE no haga políticas de derechas.
Sánchez, con su populismo, ha fagocitado a todos los partidos a su izquierda de ámbito nacional, en Castilla y León los comunistas no han sacado ni un escaño y el PSOE les ha barrido de sus feudos de las cuencas mineras de León. Eso provocó la crisis esperpéntica del Consejo extraordinario y forzó a Sánchez a ceder, sacar un decreto complementario con medidas de viviendas y el llamado escudo social que tanto el PSOE como Sumar saben que lo más probable es que no sea convalidado en el Congreso por falta de apoyos. Sánchez ya piensa en las elecciones andaluzas, el gran granero de votos del PSOE en 2014 cuando él llegó a la secretaria General y donde ahora las encuestas anticipan que la suma de PP y Vox supera el 60%. El problema no es solo que la derecha vaya a seguir gobernando la Junta de Andalucía, el problema es que, con las encuestas actuales, la derecha también gobernará en la mayor parte de los ayuntamientos que mantuvo el PSOE en 2023. Por eso, seguramente intenta virar al centro y no parecer un populista de izquierdas, pero ya veremos si eso tiene efecto en los votantes. Los españoles ya han visto demasiados virajes de 180 grados de Sánchez y, por eso, lleva perdiendo elecciones sistemáticamente desde 2019.
Conclusión, la guerra se está complicando, si dura unas semanas más, la inestabilidad financiera global puede estar en riesgo y España es uno de los países con más deuda pública del mundo, con un Gobierno débil, sin mayorías para gobernar y sin presupuestos desde hace 3 años. Crucemos los dedos para que Trump acabe con esta guerra absurda cuanto antes.