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Un año más, nada puede malir sal

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31.12.2019

Nada puede ir peor que 2019, año fatídico que cerraba una década y, para celebrarlo, la estupidez humana ha alcanzado cotas inimaginables en los rincones más insospechados del mundo. Las democracias más consolidadas comienzan a vacilar, a temblar, y los principios más sólidos parecen derretirse, como chucherías tiradas, abrasadas por el sol en las aceras. Aquello que señaló el profesor Carlo Cipolla como una constante que recorre la historia, se va confirmando en este siglo paso a paso: primero, subestimamos el número de individuos estúpidos en circulación. Segundo, la probabilidad de que una persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de esa persona. Tercero, una persona estúpida es una persona que causa pérdidas a otras personas sin obtener ningún beneficio, incluso incurriendo en pérdidas. Cuarto, las personas no estúpidas siempre subestiman el poder perjudicial de los individuos estúpidos. Y quinto, una persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe.

¿Qué ganaba Cristina Morales, esa joven promesa de la literatura española, diciendo, en pleno salvajismo del independentismo radical en Cataluña, que “es una alegría que haya fuego en vez de cafeterías abiertas”? Esta mujer ha sido una de las revelaciones del año 2019 y, precisamente por eso, es un emblema perfecto para la paradoja boba de estos tiempos. Parece como si en España, en esta España, algunos intelectuales buscaran la excelencia en el disparate; a mayor insensatez, mayor celebridad. Sucede, además, que Cristina Morales reúne en su biografía algunos de los perfiles más desconcertantes del independentismo catalán: una mujer joven de raíces andaluzas que parece embobada con la algarada que agitan, desde sus palacetes, los sectores más acomodados de la sociedad catalana para perpetuar sus privilegios, como siempre han........

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