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Matar a Blas Infante

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19.08.2019

Lejos del símbolo, Blas Infante puede ser un disparate. Lo mejor de la vida de Blas Infante fue su entrega a Andalucía, su rabia ante el subdesarrollo andaluz que se le quedó grabado en la mente desde que era un niño: "Yo tengo clavada en la conciencia, desde la infancia, la visión sombría del jornalero. Yo los he visto pasear su hambre por las calles del pueblo; los he contemplado en los cortijos, desarrollando una vida que se confunde con la de las bestias; los he visto dormir hacinados en sus sucias gañanías, comer el negro pan de los esclavos, esponjado en el gazpacho maloliente, y servido, como a manadas de siervos en el dornillo común, trabajar de sol a sol, empapados por la lluvia en el invierno, caldeados en la siega por los ardores de la canícula. El escándalo de su existencia miserable ha traspasado las fronteras, para vergüenza de España y de Andalucía".

Blas Infante quiso rescatar el orgullo de ser andaluz, la necesidad de abrir un camino distinto. La posibilidad de cambiar la historia. El símbolo se completó después con su muerte, su asesinato, en las inmediaciones del cortijo de la Gota de Leche, por soldados franquistas, fascistas incendiados por el odio, por el fanatismo. Era la madrugada del 10 al 11 de agosto de 1936.

Por aquel simbolismo, Blas Infante fue reconocido con justicia como el 'padre de la patria andaluza' en el Parlamento andaluz y, posteriormente, en el Estatuto de Autonomía. Si de lo que se trataba en 1975 era de buscar entre todos un nuevo modelo de Estado que pudiera resolver las tensiones........

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