La vulgar corrupción del pariente
La mujer y el hermano, la amante y las hijas, el novio y el cuñado… Nada es más corrosivo en los escándalos políticos de corrupción que este nepotismo de baja estofa, con independencia del montante económico que conlleve cada uno. Y por supuesto, con independencia de las consecuencias penales que puedan provocar, porque no siempre acaban en condena los favores familiares y el gañote picaresco de todo este personal. Ande yo caliente, y escandalícese la gente. Es la vulgaridad de colocar al pariente y, como tal, es la parte de la corrupción que más deterioro social provoca. Porque es la más antigua y no necesita explicación. La lengua española está plagada de expresiones sinónimas del mismo vicio, chupar del bote, hacer su agosto, arrimar el ascua a su sardina o el agua a su molino, sacar partido y sacar tajada.
Cuando se descubre un caso de corrupción, lo que más sorprende es la avaricia de no tener nunca suficiente y la impunidad que empiezan a sentir, como si el Gobierno los hiciera intocables. Las comisiones millonarias y la ‘vida padre’-otra expresión más- no son suficientes, necesitan hacer ostentación de su poder. Entonces es cuando aparecen por los pasillos de los despachos la mujer y el hermano, la amante y las hijas, el novio y el cuñado. En la trama de escándalos que salpican al Gobierno de Pedro Sánchez, el abanico de parentescos ya se ha desplegado en su totalidad, no queda relación familiar o amistosa que no se haya citado ya. Hasta hace poco sólo teníamos a la mujer de Pedro Sánchez en el nivel de primer grado de consanguinidad, pero ya tenemos también a las hijas de José Luis Rodríguez Zapatero. Que........
