La normalidad que condena a Pedro Sánchez

La normalidad con la que la maquinaria interna del Gobierno y del PSOE asumía las irregularidades es la principal prueba de cargo contra Pedro Sánchez en el juicio público. Porque no es normal que se extienda un contrato público para la amante de un ministro y que todos lo asuman. Ni tampoco es normal que el hermano del asesor de un ministro vaya a recoger sobres con dinero a la sede del partido. El universo del sanchismo ya debería tener aprendida la lección de los indicios en el caso del fiscal general del Estado, García Ortiz, pero si todavía quedan dudas, que se fijen en la abrumadora evidencia de estos simples detalles. Cuando se toleran, se protegen y se ignoran los excesos con dinero público, es que todo eso forma parte de la propia organización. Dicho de otra forma: cuando quien comete esos excesos es el ‘número dos’ y se permiten, es que todo el mundo tiene claro que el infractor cuenta con el respaldo del líder, Pedro Sánchez. Y eso lo convierte en intocable.

Esa normalidad es la que condena a Pedro Sánchez porque todo el mundo, aunque no esté al tanto de los detalles del caso Koldo, sabe perfectamente que en su empresa, en su fábrica o en cualquier servicio de la administración pública, quien abusa es porque le está permitido abusar. Y también sabe todo el mundo que ni en la fábrica, ni en la empresa ni en ninguna otra parte es habitual que se repartan sobres con dinero, al margen de los sueldos oficiales. Como todos detectamos, sin más, la anomalía de esos comportamientos, la conclusión inminente es que se trata de una irregularidad estructural. Ese es el statu quo de la organización que flota en el ambiente.

Fue Pedro Sánchez quien le otorgó a José Luis Ábalos ese poder absoluto en el interior del partido y del Gobierno y fue Ábalos quien convirtió a su asesor, Koldo García, en legatario de su poder. No hacen falta papeles firmados que lo confirmen porque nadie deja por escrito el consentimiento de lo irregular, obviamente. Pero es conocido. El primero que lo desveló fue el alcalde de León, José Antonio Díez, que es de los pocos socialistas, por no decir el único, que se enfrentó a Koldo cuando nadie se atrevía a hacerlo.

Se le ocurrió reclamarle al Ministerio de Fomento algunos incumplimientos de inversiones para su ciudad y Koldo salió a su encuentro para advertirle que iba a joderlo durante toda la legislatura. Fue literal, "ten cuidado porque me quedan tres años para joderte". Se refería al final de la legislatura, no a que fueran a meterlo en la trena. Y añadía el alcalde: "Era reconocido que, prácticamente, Koldo era el que hacía de filtro del ministerio. Parece que todo lo que quisieras conseguir del ministerio tenía que pasar por Koldo y, por tanto, si Koldo te amenazaba, era casi una amenaza directa del propio ministro". Si un alcalde de provincias sabe, como todos sus compañeros del partido, que Koldo era el brazo ejecutor, ¿cómo no iba a saberlo el secretario general?

Otra de las simples evidencias que nos demuestra la irregularidad de estos comportamientos la obtenemos con el reparto de dinero en metálico en la sede del PSOE. Joseba García, hermano de Koldo, y Patricia Uriz, la esposa, tenían el aval para acudir a la sede central del PSOE, en la calle Ferraz de Madrid, para recoger sobres con dinero, aunque no militaran en el partido ni trabajaran en el Ministerio de Fomento. Llegaban a la sede, saludaban, y subían a la planta noble para que les dieran los sobres que luego distribuían, o no. Nuevamente, recurramos a lo que todos conocemos, cada cual en su ámbito laboral, para entender que, bajo ningún concepto, se trata de un comportamiento normal.

También lo saben los militantes que acuden a las casas del pueblo de las distintas ciudades y pueblos de España. Ni es normal que el hermano de un asesor o la mujer del asesor entren con normalidad en las sedes, ni es normal tampoco que se liquiden los gastos de esta manera. Podría suceder en alguna ocasión, pero no de forma cotidiana. El asesor de un ministro convertido en el repartidor de dádivas, convolutos y regalos. "Pulseras para la puta", como decían en alguno de sus mensajes, o metálico para el fondo común: "Tranquilo, hay dinero en las cuentas. Podemos sobrevivir dos años con lo que hay", le explicaba Koldo a su hermano Joseba para que no se inquietara.

En una estructura piramidal, como sucede en los partidos políticos, las órdenes vienen de arriba o se abortan desde arriba. Como otras veces se ha defendido aquí, en la corrupción política no existe la figura del ‘corrupto por cuenta propia’. Entre otras cosas porque es imposible: si se exige una comisión por la adjudicación de una obra pública, es porque se tiene la certeza de que todo un Gobierno va a adjudicársela a la empresa que pague y no a otras que se presenten al concurso. Ese es el papel que desempeñan, normalmente, los intermediarios, aunque en otros escándalos que conocemos los comisionistas formaban parte del propio partido de Gobierno.

Si esa lógica nos parece evidente, con más razón debemos pensar que ocurre lo mismo cuando se coloca a un pariente, un conocido o una amante. Tenemos el ejemplo nítido de la empresa en la que colocaron a la famosa Jésica. La directora de proyectos de Tragsatec, Virginia Barbancho, le contó el pasado martes al tribunal que le dijeron que había que colocarla porque era "una sobrina de Koldo". Poco después cambió el parentesco, pasó a ser "la sobrina del ministro" cuando sus jefes veían que "la sobrina" cobraba y ni siquiera iba a trabajar. La directora de proyectos elevó su malestar por la situación y es entonces cuando le explican con claridad lo que tiene que hacer: olvidarse de Jésica. "Esto es un canteo a nivel top", replicó la directora cuando le explicaron que las órdenes venían de arriba.

En resumen, siguiendo esta lógica mundana, queda claro que esta es la normalidad de un modelo corrupto que, como ya está comprobado, instauró el Gobierno de Pedro Sánchez nada más llegar a la Moncloa. Sin alterarse, con absoluta determinación; con la tranquilidad de quien enciende una barrita de incienso en el despacho. Por eso, coincidiendo con el inicio de la vista oral, el presidente Sánchez ha difundido un vídeo en sus redes sociales, con su voz acaramelada, contándonos que lo primero que hace cada mañana al llegar al despacho es encender incienso. Normalidad.


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