La normalidad que condena a Pedro Sánchez
La normalidad con la que la maquinaria interna del Gobierno y del PSOE asumía las irregularidades es la principal prueba de cargo contra Pedro Sánchez en el juicio público. Porque no es normal que se extienda un contrato público para la amante de un ministro y que todos lo asuman. Ni tampoco es normal que el hermano del asesor de un ministro vaya a recoger sobres con dinero a la sede del partido. El universo del sanchismo ya debería tener aprendida la lección de los indicios en el caso del fiscal general del Estado, García Ortiz, pero si todavía quedan dudas, que se fijen en la abrumadora evidencia de estos simples detalles. Cuando se toleran, se protegen y se ignoran los excesos con dinero público, es que todo eso forma parte de la propia organización. Dicho de otra forma: cuando quien comete esos excesos es el ‘número dos’ y se permiten, es que todo el mundo tiene claro que el infractor cuenta con el respaldo del líder, Pedro Sánchez. Y eso lo convierte en intocable.
Esa normalidad es la que condena a Pedro Sánchez porque todo el mundo, aunque no esté al tanto de los detalles del caso Koldo, sabe perfectamente que en su empresa, en su fábrica o en cualquier servicio de la administración pública, quien abusa es porque le está permitido abusar. Y también sabe todo el mundo que ni en la fábrica, ni en la empresa ni en ninguna otra parte es habitual que se repartan sobres con dinero, al margen de los sueldos oficiales. Como todos detectamos, sin más, la anomalía de esos comportamientos, la conclusión inminente es que se trata de una irregularidad estructural. Ese es........
